Los observadores principales

Las elecciones del 20 de mayo de 2018 son un hito con tantas aristas posibles que abren un abanico a la opinión de toda clase de analistas. Yo me referiré solo a uno que considero principal: la evaluación de las Fuerzas Armadas Nacionales como observadores principales y silentes del proceso.

Soldados y oficiales, fueron testigos de excepción de una de las manifestaciones populares más grandes de estos tiempos como fue la decisión de ignorar una elección presidencial por considerarla fraudulenta, representada en 52% de abstención, según el CNE. La desolación debe haberlos abrumado. Venezuela quiere cambiar y ellos forman parte de ese clamor, porque pasan hambre, no tienen servicios, también los matan y sus familiares se le van.

Ni las mayorías nacionales ni el mundo reconocen a Maduro como presidente. Venezuela no tiene Presidente, pero son sus jefes, unos generales gordos, con la maldad en la cara, vinculados a toda clase de mafias, unos tipos sin escrúpulos, quienes siguen sosteniéndolo en un poder que utiliza para enriquecerse mientras el resto del país pasa hambre y penurias. Sé que como militares su consigna es obedecer, pero sepan que son cómplices de su propia miseria.

Una vez más los sectores civiles, la ciudadanía venezolana, hizo su parte, tal como repetidamente ha sido. Es su turno de librar el debate y ponerse del lado del pueblo, o seguir limpiando cocaína en botas de oro, mientras las suyas son de cartón y se llenan con la sangre de compatriotas inocentes.

Antes han tenido oportunidades para evitar la violencia, pero prefirieron atacar al pueblo desarmado. No pierdan esta oportunidad, pues la salida pacífica y constitucional que todos queremos pasa, en buena parte, porque ustedes libren el debate y nos sentemos a discutir una transición democrática.

 

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