Nos jugamos a Rosalinda: Mi posición sobre las elecciones presidenciales

Hoy decidí meterme en el candelero porque mantenerse al margen en los momentos de decisiones trascendentales es igual a estar del lado del enemigo. Es por eso que daré mi opinión respecto a la situación venezolana, bajo advertencia de que no se alinea al común denominador de una opinión pública imbuida en un discurso configurado por el régimen y difundido principalmente desde el extranjero.

Las ideas expresadas a continuación no involucran la posible línea de mi partido, Voluntad Popular, respecto al mismo tema.

Saltamos al campo, bajo protesta

Para empezar, si estás en contra de participar en las elecciones y no tienes la disposición a arriesgarte en las calles para sacar a la Dictadura o a plantear una salida factible y en corto plazo, mejor no sigas leyendo, ni opinando, ni hagas nada; y si te fuiste del país, ten mucho cuidado al exponer tu posición, pues probablemente se determine acorde a una realidad distante y a una agenda mediática internacional profundamente orientada a un abstencionismo desvinculado a nuestra historia republicana y a nuestra larga y tortuosa marcha hacia la democracia, por lo que puede ser mayor el daño que hagas de lo que colabores.

Las dictaduras en el mundo han caído por las armas, nacionales o extranjeras, o por la participación de la gente. Sí, con elecciones, con órganos electorales al margen de la ley, alineados con el régimen de turno. Yo opto por la vía que encuentre mejor cauce y, entendiendo que nuestros militares son parte del problema y que el mundo no pasará de la fase declarativa y la sanción personal, considero este proceso comicial como la puerta de salida.

Puerta de salida que solo se activa en tanto se configure una verdadera Unidad, iniciada en el consenso alrededor de la figura de un candidato alternativo, como Lorenzo Mendoza, y que empuje a la mayoría que somos hacia la participación abrumadora y, sobre todo, la organización para rebelarse ante un eventual fraude electoral.

No nos salvarán sanciones. No nos salvará el apoyo internacional. No nos salvará la Resistencia. No nos salvarán los partidos políticos. No nos salvarán unas elecciones.  Nos salvará todo lo anterior junto.

En beisbol, cuando un equipo duda de la imparcialidad de las decisiones de los árbitros puede condicionar la partida al ponerla bajo protesta. Pero vas, y con el equipo completo, porque si le caes a jonrones al contrario y te enfrentas con coraje a cada mala decisión arbitral, ten por seguro que ganas. El problema está si tu cuarto bate decide quedarse en la banca y los pícheres acceden a poner la bola bombita para que la descosan.

En Venezuela tenemos un Consejo Nacional Electoral que, a diferencia de los ampáyer, no tiene caretas y está de frente con la Dictadura. Va a hacer trampas. Va a haber ventajismo, como lo ha habido en todos los procesos electorales venezolanos desde 1811. Imaginen lo que sería de nuestro país si las oposiciones se hubiesen rendido ante tales circunstancias, sin entender al voto como un mecanismo y también como legitimador de rebeliones cuando no es atendido.

Si vamos juntos, yo voto, ganamos, y si me roban el voto, me rebelo ¿Tú qué harás?

Verdades irrefutables

María Corina Machado, mujer a quien valoro y admiro mucho, expone una serie de elementos para abstenerse de participar. Todas son reales: no ir a las elecciones dejarían a Maduro deslegitimado, sancionado, aislado, quebrado, dividido y hundido en hiperinflación. Además, no validaríamos la Constituyente. Sí, pero gobernando y con el pueblo desmovilizado. Así puede durar 100 años el chavismo, pues, lejos de lo que se piensa, un pueblo hambriento jamás se rebela, al contrario, se conforma con un poco de comida.

Por otro lado, 15 países, hasta ahora y pueden ser más, se han manifestado en contra de la convocatoria a elecciones presidenciales surgida desde una Asamblea Nacional Constituyente que, aunque ilegal, es una realidad política que se legítima en la acción y el hecho. Sus decisiones marcan agenda nacional e internacionalmente. De allí que la mera declaración de que no la reconocemos y que obedecemos a la coherencia y la dignidad, es un ejercicio ingenuo para enfrentar una Dictadura.

A Lorenzo Mendoza

Quiero finalizar, hablándole a quien tiene en sus manos parte importante del destino de los últimos meses que pueden traducirse en años, décadas incluso: Lorenzo Mendoza.

Como dirían en neolenguaje, voy a hablarte claro en lo claro: usted tiene un compromiso con la Historia y, de negarse, va a enfrentar el escarnio de una Nación tirada temporalmente al traste. Pero si asume, se escribirán libros y canciones con su nombre. La decisión es fácil, su país o usted mismo y su tranquilidad.

Carlos Javier Arencibia

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