Opinión- El 19 de abril de 1810 fue un grito de rebeldía. Prof. Maria Walls

(Discurso de la profesora María Walls Ramírez, ante el “Ilustre Concejo Municipal de Carrizal”, en Sesión Especial, con motivo de conmemorar y celebrar los 208 años del 19 de abril de 1810).

19 DE ABRIL DE 1810

19 de abril de 1810… 19 de abril de 1810, 19 de abril de 1810

Una frase, una fecha, una ruta y un reto en pro de la República, que debemos internalizar y repetir varias veces hasta digerirla, entenderla y proyectarla.

¿Cuántas aspiraciones? ¿Cuántos sueños? ¿Cuántas trabas? ¿Cuántos engaños? ¿Cuánta manipulación, cálculo y traición? ¿Cuánta memoria histórica mal contada, amañada y tergiversada? ¿Cuántas veces utilizada como manto protector y distractor por nuestros líderes, caudillos y gobernantes? ¿Cuántas veces? Pues bien, infinitas veces….Tantas… que son demasiado.

Qué difícil resulta para los académicos e historiadores contar la verdadera historia. ¿Cómo ir en contra de la tradición, de la costumbre? ¿Cómo dejar de contar la historia de los vencedores? ¿Cómo dejar de contar la historia de los que tomaron el poder después de la Guerra de la Independencia? ¿Cómo ir contra del discurso de los caudillos militares o no, que quedaron enarbolados en la visión épica, heroica atrapada en la epopeya literaria de Eduardo Blanco y, su Obra Venezuela Heroica?, por sólo nombrar una de las tantas, una de las muchas que maquillaron la historia patria.

¿Cómo ir en contra del pensamiento, interés y estamento económico, social y cultural y, por qué no político de los mantuanos de 1810? Tarea nada fácil. Tortuoso, arriesgado y comprometedor sería todo abordaje de esta fecha desde otra óptica. Una más centrada, menos contaminada, menos interesada, menos tradicional y conservadora por el tiempo. Más fácil, es repetir lo que siempre se dice acerca de esta fecha.

La “normalidad”, da aplausos y aceptaciones. Cero riesgos ante ojos y mentes, que escrutan y asientan o disienten. Pero dejarse atrapar sin sentido y sin valoración histórica verdadera por lo “normal, tradicional, por el enfoque y visión de siempre”, es temerario, ligero, craso y supino, para quienes desde la universidad y, desde la academia hacemos el esfuerzo de procesar, de ver con lupa y con cristales diferentes la historia patria…

Con humildad, porque no hay verdades absolutas, teorías o paradigmas para siempre, y por la edad y proceso formativo que aún está en evolución y cambio permanente, por aquello de la perfectibilidad de la razón y de los contextos, se pretende en el día de hoy cuando rendimos homenaje, conmemoración y resguardo histórico a una fecha tan importante, en la todavía joven República, decir algunas cosas que se consideran significativas, incluso algunas de ellas todavía en discusión por parte de los especialistas e investigadores, porque “la historia aún, siendo historia, nunca acaba”; “nunca concluye, nunca se cierra”; “nunca es verdad verdadera”.

Los hechos trascendentales como los del 19 de abril de 1810, siempre tienen y deben ser revisados, escrutados, con los nuevos ojos del progreso, de la tecnología, de los constructos teóricos, de la modernidad, y cada vez más, sin los intereses situacionales y de los contextos por los cuales ocurrieron los hechos y se contó, propagó, publicitó, y proyectó dicha historia…

En primera instancia, el 19 de abril de 1810, fue un grito de rebeldía. Fue una acción donde los mantuanos se rebelaron, se organizaron, tocados por sus intereses, no sólo sociales, sino más bien económicos y, dónde las ideas políticas de esos tiempos (La Ilustración, el Enciclopedismo, el “Siglo de las Luces”), tocaban con fuerza en una Europa atrapada en los cambios de finales de la Edad Moderna, en un contexto, dónde un nuevo poder, el de Napoleón Bonaparte y de Francia como potencia, irrumpía con fuerza contra la España Colonizadora, hidalga, feudal y atrasada, ante una América, lejana, distante, excluida y minimizada en muchos aspectos, pero que ebullía sutilmente, a veces sin saber que hacer o cómo comportarse.

Así llegamos al 19 de abril… Adentrarse en los discursos, discusiones, testimonios, publicaciones o panfletos que circularon o se dieron “antes, en y después de la fecha”, así lo denotan y registran: posiciones encontradas, controvertidas, cambiantes de la noche a la mañana, frágiles y poco estructuradas por la premura, por la desinformación manifiesta, y también, por “los intereses por ganar o perder”, de la clase social que era el epicentro (Los Mantuanos), porque no fue el pueblo llano, no fueron los pardos, ni los indios, y menos los negros, no fue el mestizo tropicalizado en el cual se pensó, fueron los “actores agentes”, y no los “actores sujetos”, calificación esta última que incluso es de dudosa realidad, por cuanto los “Actores Agentes”, así en mayúscula (Los Mantuanos), eran los únicos con la potestad de tomar decisiones, votar, elegir y proponer, excluyendo, ignorando, segregando y marginando al resto de la sociedad venezolana de entonces.

Dura afirmación, dolorosa, triste y cruel, sobre todo, cuando los que toman el poder y mandan…siempre dicen que son el pueblo mismo, en el ejercicio de la autoridad y del poder y, se reservan los destinos del País, de la Nación, de la Patria, de la Republica, del Estado y del Gobierno, siendo simples usurpadores de la palabra, de las ideas, de las ilusiones…Así fue ese 19 de abril. Así de simple, lo cual no le quita importancia, por la concreción posterior de un 5 de Julio de 1811 y, de un 24 de Junio de 1821, como tránsito reconocido para salir del yugo español.

Ambas cosas no son opuestas. Simplemente distintas y hay que especificar. A veces nuestra Independencia (que fue un logro) esconde muchas perversiones, injusticias, intereses de clase y debemos, en aras de la pulcritud y transparencia histórica con un bisturí académico, hacer los cortes pertinentes evitando encubrir hechos y de estandarizar contextos y situaciones asimétricas y disímiles, permitiendo entonces que no se vean las exclusiones, sobre todo cuando siempre se habla de TODOS, POR TODOS Y CON TODOS, CUANDO HABLAMOS DE PUEBLO, SIN TENER PUEBLO, O IGNORANDO A ESE PUEBLO, EXCLUYÉNDOLO DE UNA PARTICIPACIÓN REAL QUE CAMBIE SU VIDA, PERO DICIENDO MIL VECES Y, DE MIL MANERAS DISTINTAS, QUE ES EL PUEBLO, EL PROTAGONISTA PRINCIPAL O QUE GOBERNAMOS PARA ÉL, SIN SERLO REALMENTE… El 19 de abril, es una fecha de y para los Mantuanos…dónde lo que llamaríamos pueblo no participó realmente con propiedad, porque no lo dejaron participar, como era “normal y costumbre, en una época conformada por castas o estamentos sociales cerrados”.

En segunda instancia, el 19 de abril de 1810, fue una manifestación de civilidad. Son civiles, políticos o no, los que conformaron ese acto de rebeldía. No fue un acto de religiosos, curas o sacerdotes y, menos un acto de militares. Ambos, eran una minoría, incipiente y de relativa importancia, a pesar que han tratado de contar una historia diferente y, con ciertos logros por lo expuesto al principio de esta intervención y encubierta por la propia Guerra de Independencia. Civilidad, civilidad, civilidad, ayer como hoy, la política, la gobernabilidad, la democracia y la República, es y debe ser un asunto de civiles, dónde la subordinación de los militares a los civiles es un tema por definición absolutamente claro desde la época de los Griegos y de la República Romana. Cualquier cosa o manejo distinto, ya no sería democracia, ni mucho menos República, aún, cuando se afanen en llamarse como tal. Son Diputados por excelencia, es decir los civiles, los firmantes del Acta de Independencia. Mejor prueba de ello ninguna, expresión cierta y real en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano francés de la mano de los teóricos de la Ilustración.

En tercera instancia, el 19 de abril de 1810, no fue un Acto como lo han repetido de manera interesada o por desconocimiento histórico, dónde se declaró la “Independencia de Venezuela”. Totalmente falso, a menos que se diga que fue un paso en pro del logro de la Independencia, lo cual no desmerita su importancia y significado. En realidad, más allá, de si acaso fuese cierto “aquello de Emparan de su dimisión y de la seña de Madariaga”, la sesión a Cabildo convocada el jueves Santo del 19 de abril de 1810, cuyo antecedente se ubica en 1808, cuando se expone la propuesta de la creación de una Junta Suprema de Gobierno defensora de los Derechos de Fernando VII (Rey de España), ante la irrupción de Bonaparte en tierras españolas. Se dio por tanto, un primer encuentro de ideas en un escenario propicio para encontrarse, reconocerse y sentirse como algo distinto, diferente y nuevo, de elaboración propia pero poco consolidada por las diferencias de intereses, pero con una naciente cohesión basada en una territorialidad común y en una lealtad mutua distante e indiferente hacia la Corona Española. De aquí surge la disyuntiva a posteriori de seguir reconociendo y avalando al Rey de España, o de aprovechar la coyuntura para independizarse, aspecto que se trataría mucho más tarde en la Junta Patriótica de 1811.

En cuarta instancia, el 19 de abril de 1810, reivindica para y por siempre el papel del Ayuntamiento. El valor histórico del Cabildo y su papel político, para propiciar los cambios no sólo de gobierno, sino de la cotidianidad, esencia y existencia de los ciudadanos. Si la República nació en un Cabildo, y de allí se propagó las “ideas de libertad, de progreso, de dignidad, de soberanía”, si de allí nació Venezuela, entonces, tenemos el reto histórico de revalorizar territorialmente, jurídicamente y ciudadanamente las potencialidades que se esconden o que se pueden engendrar como en el pasado en pro de un País distinto. Un País mejor, con valores, con unidad, por encima de las diferencias, con respeto por el otro, cultivando la tolerancia, la pluralidad, la alteridad y la empatía, todos juntos y solidarios, en un Proyecto de País (y no en un simple Programa de Gobierno), podemos reencontrarnos como pueblo. Madera, esencia, y condiciones nos sobran.

Por tanto, propongo, que desde esta instancia, desde el “bajo poder”, pero el cercano al ciudadano y a su cotidianidad, el Poder Local, se reconstruya la identidad venezolana, su arraigo y su sentido de pertenencia. Es desde aquí, con las autoridades municipales Señores Concejales, que los invito a enarbolar y comprometerse todos, en pro de los cambios, en pro de más y mejor democracia, en pro de más y mejor civilidad, en pro de una mejor República.

No esperemos que la voz del pueblo nos repita: “A Cabildo, a Cabildo, señores, el pueblo os sigue llamando a Cabildo”, y que en esta nueva oportunidad, sea verdaderamente el pueblo quien lo convoque, o mejor dicho, la pluralidad de intereses que hacen vida ciudadana en nuestro territorio y en el contexto del Siglo XXI. De los ediles de ahora, es decir, de ustedes, dependerá su visión, para escuchar los gritos que desde el silencio de los inocentes y creyentes de siempre, también de los usurpadores de siempre quienes han esquilmado a pedazos con el halo de un perfume envolvente y embriagador, para ofrecer cambios que al final nunca se dan, engañando siempre de igual forma con nuevos métodos, estrategias y tácticas, a los depositarios de la soberanía popular en nombre de la cual siempre hablan.

Pues debo afirmar en este momento con tristeza, que la tarea sigue siendo la misma, como lo señaló una y mil veces, Don Rómulo Gallegos, el Maestro y escritor en su vida misma y, en su obra literaria. Ahora, igual que siempre, se trata de elegir entre “civilización y barbarie”;  entre “civilidad o incivilidad”; entre “esperanza y futuro versus desesperanza y atraso”; entre la civilidad de una República, y la violencia de las armas”; entre la “democracia, la libertad y la justicia, versus el autoritarismo tosco, el cesarismo y la adicción al poder por el poder mismo”. Yo como venezolana nacida en democracia, me caso y le apuesto a la civilidad del venezolano aún presente, viva y dispuesta a no claudicar.

¡A Cabildo, a Cabildo, los convoco de manera permanente! Ciudadano Presidente del Concejo Municipal, Ciudadanos Concejales, Ciudadano Secretario, Ciudadanos Congregantes, esa es la nueva orden del día y la nueva Agenda de la República… ¡A Cabildo! ¡A Cabildo! ¡A Cabildo! Muchas gracias.

A los 26 días, del mes de abril, de 2018.

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