Votar o no votar, el dilema de la oposición venezolana ante un panorama incierto

Redaccion El Tequeno

Pocas semanas después de la toma de posesión de Nicolás Maduro en Venezuela, una brecha amenaza la unidad de la oposición reunida en torno a María Corina Machado y Edmundo González Urrutia. Las elecciones legislativas y regionales convocadas para mayo de 2025 han sido el detonante.

DW

¿Tiene sentido que la oposición vuelva a jugar al póker electoral con las cartas marcadas del régimen de Maduro? Algunos militantes del partido opositor Primero Justicia, que forma parte de la mayor coalición antichavista liderada por Machado, la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), abogan por presentar candidatos: «Si la oposición no compite, pasa a ser irrelevante», argumentan, entre otras cosas.

La dirigencia, por su parte, considera los comicios legislativos y regionales como un intento de la cúpula chavista de «perpetuarse en el poder» y «seguir desconociendo» la victoria opositora del 28 julio de 2024.

Una batalla con riesgos

Aquella jornada, cientos de voluntarios arriesgaron su seguridad para obtener las actas de votación que demostraron el fraude de la cúpula chavista en las elecciones presidenciales. Antes y después de los comicios, hubo amedrentamientos y desapariciones en círculos opositores.

¿Vale la pena pelear de nuevo otra batalla que pueda poner la libertad y la propia vida en peligro, con los precedentes de fraude electoral del chavismo?  «La abstención es funcional al oficialismo, porque convierte en mayoría su precaria minoría. Por eso seguirán con su campaña de miedo y terror. El riesgo es muy grande, pero triunfar sin sacrificios es triunfar sin gloria», dice a DW el consultor y exministro venezolano Víctor Álvarez, que defiende la opción electoral.

«En Venezuela, la restauración de la democracia no será un proceso de arriba hacia abajo, sino de abajo hacia arriba. Pasa por ganar la mayoría de los 3.300 cargos a elegir en 2025 para crear una posición de poder institucional que será reconocida y respetada por las fuerzas armadas y policiales», destaca Álvarez.

Dos tipos de oposición

«Hablar de ‘oposición’ en Venezuela es un error», zanja, por su parte, la exparlamentaria y analista política venezolana Mireya Rodríguez. «Lo que ocurrió el 28 de julio no fue simplemente una demostración de descontento opositor, sino la manifestación contundente de una nueva mayoría que rechaza la tiranía de Nicolás Maduro», dice Rodríguez a DW. «En ese contexto, el llamado a elecciones en mayo no es más que una burda maniobra para terminar de desmoralizar y dividir a esa nueva mayoría», subraya.

A la convocatoria electoral de mayo sí acudirán algunos partidos de oposición que son vistos como cómplices de la cúpula chavista. «Hay claramente una línea entre quienes buscan algún tipo de entendimiento con el régimen político y quienes están buscando un cambio», apunta al respecto Miguel Ángel Martínez Meucci, doctor en Conflicto Político y Procesos de Pacificación.

Con él concuerda Mireya Rodríguez: «No podemos ignorar que existen personajes despreciables que se dicen de oposición que- resguardando sus prebendas- se han convertido en aliados y cómplices al pasar la página del 28J y están prestos para normalizar e incluso legitimar al régimen». Este tipo de oposición clientelar permite al régimen de Maduro exhibir una fachada democrática.

Trump 2.0 y una reforma constitucional

El tiempo corre y las esperanzas puestas por la oposición en el segundo gobierno de Trump se esfuman. Hasta el momento, Trump 2.0 solo ha dado señales de pragmatismo, con la visita del enviado especial para Venezuela, Richard Grenell, que abrió la puerta para que el régimen de Maduro liberara a seis ciudadanos estadounidenses y volviera a aceptar aviones con venezolanos deportados desde Estados Unidos.

Mientras el vecino del norte prioriza sus propios intereses, la oposición de Venezuela se  ve confrontada con el anuncio de Maduro de una próxima reforma constitucional que puede ser el instrumento más eficaz para neutralizarla por completo en el futuro.

Con ella, «Maduro quiere consolidar prácticamente un Estado totalitario, un Estado donde las elecciones impidan la elección de alguien distinto al régimen. Y donde además, prácticamente, se consolida un sistema de vigilancia social de parte de los adeptos al régimen sobre todo el resto de la población, que es la inmensa mayoría. Esto pone a la oposición y a la sociedad venezolana en el dilema de permitir que eso suceda, que se consolide el sistema actual, o de alguna manera, oponerse estructuralmente», analiza Miguel Ángel Martínez Meucci.

El papel de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia

Machado y González Urrutia fueron los artífices de un fenómeno que unió el descontento de los venezolanos y cuentan con la legitimidad de las urnas. El panorama les es muy adverso, pero su misión no ha concluido.

«Desde la clandestinidad, su liderazgo sigue siendo la mayor amenaza para el régimen. Su estrategia debe seguir enfocada en tres frentes: mantener viva la movilización dentro de Venezuela, evitar la normalización del fraude a nivel internacional y reorganizar la estructura de resistencia para que la nueva mayoría no sea arrastrada a la desesperanza o la inacción», dice Mireya Rodríguez sobre María Corina Machado.

También Edmundo González Urrutia puede contribuir, desde el exilio. «Su responsabilidad es seguir denunciando el fraude, mantener la cohesión de la nueva mayoría y actuar como una voz clara contra la dictadura», concluye Rodríguez.

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