El costo del pasaje urbano se ha convertido en una carga insostenible para los trabajadores. Con una tarifa promedio de 40 bolívares por trayecto, quienes deben movilizarse diariamente enfrentan un dilema económico: trabajar o comer. El salario mínimo, fijado en 130 bolívares mensuales, apenas cubre tres días de transporte.
La situación se agrava para quienes viven en zonas periféricas. Carmen Colmenares, residente de Los Teques, trabaja en San Antonio de los Altos. “El pasaje está en 60 bolívares por trayecto, es decir, 120 diarios. Lo que gano se me va buena parte en pasaje”, relata. En su caso, el gasto mensual en transporte supera los 2.400 bolívares, casi veinte veces el salario mínimo.
Pablo Díaz, con un ingreso de 200 dólares mensuales, enfrenta otro tipo de presión. “Digamos que ganas 200 dólares y vives en Los Teques pero trabajas en Caracas. En la gasolina del carro se te va 50 dólares semanales a precio internacional. ¿Qué queda para comer o para el mismo mantenimiento del vehículo? No se puede vivir con esta SuperHiperInflación”, denuncia.
Los traslados hacia Guarenas, Guatire, Ocumare, Charallave o incluso Caracas desde los Altos Mirandinos pueden costar entre 60 y 100 bolívares por trayecto, lo que representa entre 120 y 200 bolívares diarios. En muchos casos, el gasto mensual en transporte supera los 4.000 bolívares, mientras el ingreso mínimo legal permanece estancado.
«La falta de subsidios, el deterioro del transporte público y la dolarización informal de la economía han convertido el simple acto de ir al trabajo en una odisea financiera», reseñó Carlos Peña. Para miles de venezolanos, movilizarse es hoy un lujo que consume la mayor parte de sus ingresos.
