Con más de 75 mil plantas y una producción semanal estimada en 500 cajas, la finca Agropecuaria Hermanos Díaz 3000 se posiciona como una de las principales productoras de fresas en la zona.
Ubicada a más de 1.800 metros de altitud, esta unidad agrícola dirigida por el productor Eber Díaz abarca tres hectáreas dedicadas exclusivamente al cultivo de esta fruta.
“Puras fresas”, afirma Díaz, quien destaca que esta apuesta responde a la demanda del mercado y a la experiencia que han adquirido durante años de siembra.
“Ya le agarramos el ritmo”, asegura. La variedad que cultivan es Monterrey, conocida por su resistencia y tamaño, con frutos que han alcanzado un récord de 80 gramos.
Las plantas, originalmente importadas desde Chile y adquiridas a través de Colombia, requieren cuidados permanentes. Por ello, hace tres años se incorporó como supervisor el merideño Jaime Peñaloza, quien resalta el nivel de dedicación que exige este rubro. “Hay que estar con la fresa, conocer mucho de ella”, sostiene.
Cada mata madre —llegada al país sin hojas, en estado “desnudo”— puede generar entre 10 y 11 plantas hijas, que luego son sembradas en vasitos antes de pasar a los surcos. Aunque el cultivo en invernadero reduce el riesgo de enfermedades, también implica mayores costos, lo que ha llevado a los productores a optar por un enfoque progresivo: “Un día a la vez”, afirma Díaz.
La mayoría de las fresas cosechadas se comercializan en el oriente y el centro del país. En El Jarillo, tradicional enclave frutícola, esta producción se suma a la de duraznos como parte esencial de su identidad agrícola. Vía Contrapunto
