Itamar Torres, como miles de venezolanos, cumple este lunes cinco días sin saber lo que es dormir bien. Desde el doble terremoto del pasado miércoles, solo entra a su apartamento en El Valle alrededor de las 2:30 de la madrugada, se acuesta vestida, con la puerta abierta, y duerme hasta máximo las 6:00 am, cuando vuelve a bajar por miedo a las réplicas.
El sismo la sorprendió en un piso 11 y el recuerdo del movimiento la dejó marcada. Afirma que no puede permanecer en su vivienda más de unas pocas horas y pide una inspección urgente en su edificio y en otros de El Valle para tener la certeza de que estructuralmente están bien y no se caerán.
“Le pido a Dios que tenga misericordia de nosotros, los venezolanos hemos sufrido mucho ya”, dijo la mujer, que pasa el día en plazas junto a otros residentes que permanecen en zozobra por las constantes réplicas que siguen sacudiendo la capital.
