El reciente anuncio del Gobierno nacional sobre la reducción de la jornada laboral en la administración pública y los llamados al sector privado para sumarse al ahorro energético han encendido las alarmas entre los comerciantes de Los Teques, San Antonio y Carrizal.
Para la pequeña y mediana empresa de los Altos Mirandinos, trabajar en horarios recortados o lidiar con cortes imprevistos no representa un «respiro», sino un golpe directo a las ya reducidas ventas diarias, en un contexto donde los costos operativos e impuestos locales no dan tregua.
La principal zozobra en los centros comerciales y zonas céntricas de la subregión es la falta de un cronograma claro de racionamiento.
»Mientras que las grandes cadenas cuentan con plantas eléctricas industriales para sostener su operatividad, la panadería de la esquina, la charcutería del barrio o la tienda de ropa local dependen al 100 % de la red pública. Sin luz, los puntos de venta se caen, la mercancía refrigerada corre riesgo de dañarse y el flujo de clientes se paraliza casi por completo a primeras horas de la tarde, expresó Rubén Querales, comerciante de la avenida Bermúdez de Los Teques, donde las fluctuaciones eléctricas son habituales.
-A esto se le suma la caída del flujo peatonal provocada por la contracción de las jornadas en las oficinas públicas. Al salir temprano los trabajadores o cumplir esquemas de trabajo a distancia, las calles comerciales de Los Teques pierden ese movimiento constante de consumidores que solía mover la caja en horas del mediodía. Varios comerciantes locales señalan que recortar la atención al público se traduce en cubrir los mismos gastos fijos (alquiler, nómina y servicios) pero con menos de la mitad de los ingresos habituales.
Ante esta coyuntura, los gremios comerciales de la zona se unen al clamor nacional para exigir a las autoridades un calendario oficial de cortes que permita planificar la producción, así como incentivos fiscales o facilidades para adquirir equipos de autogeneración. Los comerciantes tequeños advierten que sin medidas de flexibilización y apoyo real, la medida diseñada para ahorrar megavatios terminará pasando una costosa factura a la economía local y al empleo de la región./JR
