Alondra Rivas cumplió este domingo doce días frente a los escombros de la torre F del conjunto Opp25, en Tanaguarena, donde permanecen sepultados cinco de sus familiares, entre ellos dos niños de tres y un año. No se ha movido desde el día del derrumbe. Permanece de pie, en silencio, mirando siempre hacia el mismo punto.
“Acá sigue mi tío Kleyvisk Álvarez, Kleymar Álvarez de 14 años, Yelitza Gómez y los niños Matías Jesús y Wilker Jesús”, relata con la voz desgastada. En total, dice, su familia ha perdido doce miembros desde el devastador terremoto del 24 de junio. “Acá estoy y seguiré hasta encontrar los cuerpos, mi abuela necesita poder enterrarlos”, agrega resignada.
Mientras Alondra espera apoyada en un poste, socorristas argentinos extraen otro cadáver entre los restos de concreto. Lo introducen en una bolsa negra, lo bajan con cuidado y lo trasladan a una casa cercana habilitada como punto de resguardo. Ella no se acerca. No pregunta. Solo observa.
Recuerda que su tío estaba en el piso cinco de la torre F. Desde entonces, su rutina es la misma: permanecer de pie, sin hablar, mientras cada cierto tiempo los rescatistas gritan “silencio”. Todo se detiene. Motos, carros, conversaciones. Tras algunos segundos, la actividad frenética vuelve con la esperanza de hallar sobrevivientes.
Alondra no se mueve. Dice que no lo hará hasta que encuentre a los suyos.
Daniel Murolo
