El reposo es fundamental para alcanzar las metas planteadas. No solo facilita la ejecución correcta del ejercicio, sino que permite la reparación de las fibras musculares, fomentando la creación de tejidos más densos y resistentes.
Alonso Rodríguez, entrenador personal de Gold’s Gym (sede Montalbán) y especialista en alta intensidad, explicó que las pausas entre series de actividad física ayudan a que el organismo se recupere para sostener el trabajo de fuerza. Por su parte, el sueño es el momento crucial donde se sanan las microrroturas fibrilares generadas durante la práctica. “El progreso no se produce al ejercitar, sino después”, aseguró el experto.
En el descanso nocturno profundo, el pico de hormona del crecimiento construye fibras más fuertes. Sin esta fase anabólica, el entrenamiento carece del entorno necesario para generar cambios significativos, recalcó.
Riesgos de un descanso insuficiente
La falta de sueño y pausas genera consecuencias críticas. Según Rodríguez, el cortisol deja de ser una hormona de energía matutina para convertirse en un invasor crónico. Este desajuste invierte el ritmo biológico, produciendo agotamiento al despertar e insomnio al caer la noche.
Al entrenar, este descontrol metabólico ocasiona:
· Pérdida de motivación: Se reduce la satisfacción por la actividad física.
· Ansiedad: Aumenta el deseo de azúcar para compensar la fatiga nerviosa.
· Niebla mental: Disminuye la concentración, elevando el riesgo de accidentes o lesiones, y perjudica el rendimiento.
· Catabolismo muscular: La combinación de cortisol alto con testosterona baja destruye el músculo y favorece la acumulación de grasa e inflamación.
Asimismo, un descanso deficiente satura el sistema nervioso central (SNC). Señales como temblores prematuros con pesos ligeros, falta de fuerza y bostezos inoportunos son alertas tempranas del agotamiento del SNC que deben atenderse para prevenir daños graves como desgarros, advirtió Rodríguez.
Consejos para un buen descanso
Para maximizar los resultados, el personal trainer recomendó dormir 8 horas diarias y tomar un descanso pasivo de dos días después de un entrenamiento de 5 días. Este tipo de pausa, a diferencia de la activa (movimientos suaves), busca eliminar cualquier demanda energética para que el cuerpo se enfoque 100% en la reconstrucción, explicó.
Rodríguez comentó que estos descansos pasivos son necesarios luego de un día de pierna o full body pesado, de ejercicio prolongado e intenso, así como también en caso de saturación del SNC.
Una recuperación se considera exitosa cuando desaparece el dolor muscular, se recupera la fuerza de agarre total al despertar, el pulso en reposo es bajo y estable, y reaparece ese la disposición mental —ese deseo real— de volver a levantar peso, indicó Rodríguez.
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Fuente: Comstat Rowland Comunicaciones Estratégicas Integrales
