Se resiste a morir. Lo han tapado dos veces en menos de una semana y, como si tuviera voluntad propia, vuelve a abrirse con la misma facilidad con que se cierran las promesas de reparación.
El hueco de la recta de Las Minas, en plena carretera Panamericana, parece tener más vida que el propio asfalto que intenta cubrirlo.
Todo comenzó con la rotura de una tubería de Hidroven hace un par de semanas. La reparación tomó más de 72 horas y, cuando por fin se rellenó el hueco, se compactó la tierra y se aplicó el asfalto, los conductores celebraron el fin de las colas kilométricas. Pero la alegría duró lo que dura un semáforo en rojo: pocas horas después, el pavimento se hundió y el hueco volvió a asomar la cabeza, triunfante.
Las denuncias no tardaron y, con ellas, las cuadrillas, los conos y los retrasos. Se volvió a tapar, se volvió a compactar, se volvió a asfaltar. Y el hueco, testarudo, volvió a abrirse. “Otra vez se hundió”, dicen los motorizados que ya lo esquivan con la destreza de quien conoce a su enemigo.
La mañana de este sábado, el hueco sigue ahí, firme, desafiante, como un monumento involuntario a la persistencia venezolana. No hay comunicado oficial, pero sí una certeza: en la Panamericana, hay cosas que ni el asfalto logra enterrar.
