El País de España | Los cubanos de Florida, divididos tras nueve meses de Trump en el poder: “Actúa como Fidel”

Que USCIS (el organismo encargado de procesar solicitudes migratorias) preguntará a los vecinos del barrio y colegas de trabajo quién es elegible o no para la ciudadanía estadounidense, al estilo de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Que su gobierno arremete contra la comunidad LBTIQ+, como hicieron en Cuba con los homosexuales en los años sesenta. Que Donald Trump ha coqueteado con quedarse más tiempo en la Casa Blanca, y que Fidel Castro, de tanto que saboreó el poder, estuvo al frente del país por casi medio siglo. Que el primero ya ha destinado esfuerzos al ataque ideológico y contra la libertad de expresión, algo que el segundo anuló por completo. Que uno adora lo que el otro hizo su fe: la exaltación, el control máximo, un mar de fanáticos y la certeza de que no hay motivo por el que se les deba tildar de dictadores.

Infobae

Son, entre otras, las razones por las que a Carlos Icaza, un peluquero cubanoamericano de 63 años —casi la edad de la Revolución— que sabe bien lo que es un dictador, le parece inconcebible que gran parte de su comunidad en Estados Unidos aún defienda al republicano. “Los cubanos nunca han sabido lo que es una democracia”, asegura. “Necesitan de un hombre que les diga lo que tienen que hacer”.

No es el único que lo piensa. A Daimarys Hernández, una manicura cuyo esposo está a punto de ser deportado desde el centro de detención de Krome, en Florida, le parece mentira que su gente “no entienda cómo actúa un dictador”. “Los mismos cubanos que llevan años aquí no se dan cuenta de que Trump actúa como mismo lo hizo Fidel”, dice.

Nueve meses después de una elección donde los cubanoamericanos de Florida le dieron el 68% de los votos a Trump —un tiempo en que los llegados de la isla no han estado exentos de las deportaciones, autodeportaciones, denegación de asilos políticos, encierro en centros de detención y miedo a lo que pueda sucederles cuando van al trabajo o la escuela, o cuando entran o salen del país— Jorge Duany, ex director del Instituto de Investigaciones Cubanas y profesor de Antropología en el Departamento de Estudios Globales y Socioculturales de la Universidad de la Florida (FIU), considera que hasta hoy no hay suficiente evidencia de que los votantes hayan cambiado su preferencia por el actual gobernante estadounidense.

“Las encuestas disponibles muestran que la mayoría de los votantes en las últimas elecciones presidenciales votarían de la misma manera si las elecciones fueran hoy”, sostiene.

Jessica Ruiz, sin embargo, ya no entra en ese grupo. No le daría ahora el voto que ayudó a Trump a volver a la Casa Blanca el pasado 20 de enero. “Voté con la esperanza de que su Administración trajera mejoras reales en la economía, más oportunidades de trabajo y un futuro más estable para nuestras familias”, dice. “Pero con el paso de los meses mi experiencia ha sido muy distinta a lo que esperaba. En lugar de sentir más seguridad y progreso, he visto un ambiente de división, decisiones que no siempre favorecen al trabajador común y una economía que no se ha sentido tan sólida como prometía. Hoy, con la claridad que me da la experiencia, puedo decir que si tuviera la oportunidad de retirar mi voto, lo haría”.

A simple vista, Florida es el mismo sitio que les dejó Joe Biden en enero. Los cartones de huevos están igual de caros. La gasolina no ha bajado el precio. El de la renta sube por día. Eran los asuntos que les ocupaban a los cubanoamericanos y por los que se jugaron la vida en las elecciones de noviembre, un momento donde —a diferencia de otros años en que la política hacia Cuba direccionó su voto— les preocupaba más la economía del país, según develó la encuesta de FIU. Aun así, Trump “no ha cumplido con sus promesas de revigorizar la economía”, dice Guillermo Grenier, sociólogo de la FIU, quien está al frente de dicha encuesta. “La economía está mucho peor ahora que cuando Biden terminó su mandato”. Grenier insiste en que ese hecho no significa que la comunidad “se sienta defraudada”, ni asegura “una salida generalizada del trumpismo o del Partido Republicano”.

No obstante, más allá del precio de la gasolina, los huevos y la renta, Florida hoy también es un lugar muy diferente al de hace meses. En el Aeropuerto Internacional de Miami, varios cubanos ya han recibido advertencias o amenazas de retirarles sus tarjetas de residencia cuando viajan a Cuba. Otros han sido detenidos por agentes de ICE a la salida de la corte de inmigración. No faltan las familias divididas, donde el tío que votó por Trump tiene al sobrino a punto de ser deportado. En tan solo ocho días, les levantaron en el patio trasero la cárcel más temida de la era Trump, Alligator Alcatraz, donde varios cubanos han terminado padeciendo la pesadilla de los mosquitos, la falta de comida y la pésima higiene del lugar.

Nada de esto, según los locales, les había sucedido antes. Pero así como algunos están decepcionados, en el Estado del Sol hay quien también profesa la religión del sálvese quien pueda. Hace unos días, a Daimarys le llegó una clienta para un arreglo de mano y pies. “Me dijo: ‘que deporten a todos los que no tengan papeles’”. Daimarys se le enfrentó: “¿Por qué razón hablas así? ¿Porque tienes papeles? Son ilegales porque no tienen las posibilidades que tuvimos nosotros los cubanos. Pero esa gente viene acá a hacer el trabajo que ni mis hijos ni los tuyos, que nacieron aquí, van a hacer”.

“Nunca imaginé que, al salir de Cuba, iba a vivir lo que se está viviendo aquí”

Varias son las medidas que el gobierno de Trump, de la mano de su Secretario de Estado, el cubanoamericano Marco Rubio, ha dictado en los últimos meses con el fin de asfixiar a La Habana. Esa fue, y siempre ha sido, otra de las razones del voto cubano de Florida. Pero lo cierto es que Cuba no está en el centro de las conversaciones del Despacho Oval, ni Trump da millones por la cabeza de Miguel Díaz-Canel como los da por la de Nicolás Maduro, ni ha logrado satisfacer el añejo anhelo de tumbar la dictadura.

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