El Tiempo | Las implicaciones políticas, históricas y sociales del asesinato del senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay

El magnicidio del senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, quien luchó infructuosamente por su vida durante más de dos meses tras el atentado terrorista del pasado 7 de junio en el occidente de Bogotá, representa el mayor golpe a las garantías electorales en el país en los últimos 35 años.

El Tiempo

Desde 1990 no se registraba en Colombia un atentado mortal contra un aspirante a la Presidencia de la República. Ese año, entre marzo y abril, fueron asesinados Bernardo Jaramillo Ossa, candidato de la Unión Patriótica, y Carlos Pizarro Leongómez, el jefe del M-19 que firmó la paz con el gobierno Barco y se lanzó a la Presidencia en las elecciones de 1990. Ocho meses antes, el 18 de agosto de 1989, los narcos asesinaron a Luis Carlos Galán en una manifestación realizada en Soacha y que, a pesar del altísimo nivel de amenaza que tenía el candidato liberal, no tuvo la debida protección del Estado.

El crimen contra Miguel Uribe Turbay se da en medio de la agudización de la polarización política y del deterioro de la seguridad en la mayor parte del territorio nacional. El hecho de que uno de los principales líderes de la oposición al gobierno del presidente Gustavo Petro fuera atacado con facilidad en plena capital de la República plantea temores aún más grandes sobre lo que será la campaña en las regiones, donde tras tres años de la ‘paz total’ los grupos armados irregulares han incrementado su poder y su nivel de amenaza.
Fantasma del pasado

El ataque sicarial del que fue víctima el senador Uribe Turbay reabrió una herida que Colombia creía cicatrizada, una que la memoria colectiva había intentado conjurar —en relatos, documentales, películas y libros como Noticia de un secuestro, de Gabriel García Márquez— para que no se repitiera.

El miedo y la zozobra generalizada tras conocerse la noticia fueron dos de las emociones que muchos volvieron a sentir después de tres décadas, y que muchos otros, los más jóvenes, experimentaron por primera vez.

“El atentado contra Miguel Uribe nos pone frente al cruel dilema de volver sobre una historia de la que queremos escapar”, detalla Mauricio Velásquez, profesor asociado de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes.

Y agrega: “Desde una perspectiva histórica, este momento se siente como revivir un trauma. Muchas personas creímos que la página de la violencia política extrema estaba atrás, que ese pasado no se repetiría. Esto nos devuelve a los demonios no resueltos y a la evasiva promesa de la paz. El magnicidio de Galán, las masacres de la UP y ahora este ataque, que en realidad revive el dolor por la forma en que la violencia se llevó a su mamá, Diana Turbay, dibujan una línea de tiempo trágica que vincula pasado y presente”.

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