«Ya veremos qué pasa…”, respondió este domingo el presidente Donald Trump, al bajar de su avión, a la pregunta de un periodista sobre si su gobierno prepara una intervención militar en Venezuela. Cuatro días antes, Luis Quiñónez, un veterano de Vietnam y cercano asesor del mandatario, fue mucho más explícito al señalar que las probabilidades de una acción de ese tipo son “de siete sobre diez”, y agregó que sería una operación relámpago: “Si dura 48 horas, es demasiado, posiblemente en 18 horas se acabe la fiesta”.
En una larga entrevista difundida en redes sociales la semana pasada, Quiñónez –estadouniden-se nacido en Guatemala– aseguró que la incursión respondería a una planificación conjunta con militares venezolanos “hartos de ver ese cáncer que se llama Maduro y la red criminal que lo rodea”.
Dio a entender que Washington sigue “paso a paso” los movimientos de los principales líderes chavistas, para que unidades especiales integradas a la fuerza aeronaval desplegada desde hace un mes frente a las costas venezolanas puedan actuar en unión de los uniformados venezolanos en el momento indicado.
El dispositivo aeronaval ha ido creciendo a medida que aumentan las tensiones. El jueves 4 de septiembre, Washington aseguró que dos aviones F-16 venezolanos habían sobrevolado uno de sus buques en el Caribe. La respuesta estadounidense se dio en pocas horas: 10 cazas furtivos F-35 fueron apostados en Puerto Rico, 800 kilómetros al norte de Caracas y a 15 minutos de vuelo del área donde patrulla la fuerza aeronaval. Este lunes se sumaron a ese grupo 5 cazas F-35 y un avión C-5, gran aparato de transporte aéreo militar que lo mismo puede llevar tropas que pesado equipo de combate.
El dispositivo desplegado en el Caribe tiene un alto costo que se mide en millones de dólares diarios. A inicios de semana incluía ocho buques de guerra, un submarino de ataque, 10 aviones de vigilancia P-8 de la Armada y decenas de drones. Entre las naves de superficie hay dos destructores lanzamisiles, así como tres buques que componen el Grupo Anfibio Iwo Jima. De esas unidades salieron los disparos que, a inicios de mes y este lunes, destruyeron naves señaladas de transportar drogas ilícitas y mataron a 11 ocupantes en el primer ataque y a tres en el segundo.
Con capacidad de actuar en tierra hay 4.500 infantes del grupo Iwo Jima y 2.200 de la 22.ª Fuerza Expedicionaria. “Ese número limitado de hombres permite descartar una invasión en forma, para la cual harían falta 30 veces más”, le dijo a EL TIEMPO un analista militar en París, familiarizado con la operación en marcha en el Caribe.
Francia, que posee territorios cercanos como la Guayana y las islas de Martinica y Guadalupe, suele desarrollar allí, con Estados Unidos, operaciones antinarcóticos, y ha recibido informes sobre el despliegue actual.
Hace pocos días, el afamado columnista del Miami Herald Andrés Oppenheimer calificó de bajas las probabilidades de una invasión general. “Frank Mora, un exfuncionario de alto rango del Pentágono a cargo de Latinoamérica, me dijo que para invadir un país del tamaño de Venezuela y mantener el orden después de una intervención militar se necesitarían entre 200.000 y 250.000 soldados”, escribió Oppenheimer.
Y agregó: “Evan Ellis, profesor de la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos y exfuncionario de la administración Trump, me dijo que solo ve un 30 por ciento de probabilidades de una invasión terrestre”. Pero si no hay una invasión como esa, ¿qué tipo de intervención militar puede desarrollar Estados Unidos?
Un menú variado para intervenir militarmente en Venezuela
El primer tipo de tareas que puede desarrollar la fuerza aeronaval quedó en evidencia a inicios de mes, cuando tanto Trump como el secretario de Estado, Marco Rubio, divulgaron las imágenes del ataque que, según Washington, la fuerza aeronaval realizó contra una pequeña embarcación con varios motores fuera de borda, que se movilizaba a gran velocidad en aguas internacionales, al parecer con un cargamento de drogas ilegales. Este lunes, Trump divulgó un segundo video que muestra la destrucción de otra lancha.
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