Por décadas, el silencio fue lo único que se cosechaba en las laderas del Fundo El Trapiche. Las mismas tierras que en 1846 comenzaron a sembrar café, quedaron suspendidas en el tiempo, cubiertas por maleza y memoria. Ubicado en Laguneta de la Montaña, entre San Pedro de los Altos y El Jarillo, este rincón del municipio Guaicaipuro parecía condenado al olvido agrícola. Hasta que, en 2021, algo cambió.
Luis Fuenmayor, heredero y custodio del fundo @tierraviva.agro , decidió que era hora de volver a escuchar el rumor de las matas. “Estas tierras tienen historia. Aquí se sembró café desde mediados del siglo XIX. Pero hacía más de un siglo años que no se producía nada”, cuenta, mientras muestra las matas.
Hoy, El Trapiche no solo volvió a sembrar: se convirtió en la finca cafetalera más grande de los Altos Mirandinos. Son 74 hectáreas activas, con más de 78 mil matas de café distribuidas entre variedades como Castillo, Monteclaro, Ceni Café y Borbón Ají, esta última considerada exótica por su perfil aromático.


Miguel Ángel Ortega, director general del proyecto, explica que la recuperación comenzó hace tres años y medio. “Estamos en nuestra primera cosecha, con una estimación de 150 quintales. Generamos empleo directo para 25 personas, casi todos habitantes de San Pedro de los Altos. Y proyectamos cerrar el año con 100 mil matas sembradas”.
El auge del café en Venezuela, impulsado por la desregulación del producto y su cotización internacional, ha dado nuevo aliento a productores como Fuenmayor. “Ya no es un cultivo relegado. Volvió a tener valor, y eso nos permitió apostar por estas montañas”.
El Trapiche no solo produce café. Produce historia, empleo y una narrativa de recuperación que se abre paso entre las brumas de la montaña. Donde antes hubo abandono, hoy hay cosecha. Donde hubo silencio, hoy se escucha el crujir de las ramas y el murmullo de los trabajadores. El café volvió. Y con él, una parte de la identidad agrícola de Miranda.
Daniel Murolo

