Durante días, Desireé Kleiber Bolívar buscó a sus dos hijas entre los escombros que dejaron los terremotos en Venezuela, aferrada a la esperanza de encontrarlas con vida. La búsqueda terminó cuando sus cuerpos fueron hallados bajo los restos del edificio donde vivían.
Estefany Vanesa Infante Bolívar, de 22 años, y Patricia Andrea Infante Bolívar, de 19, residían junto a su madre en la torre A del edificio OPP-22 Simón Bolívar, ubicado en Caraballeda, sector Caribe, playa Los Cocos, en La Guaira.
La Guaira, en el centro-norte de Venezuela, es la zona más golpeada por los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron al país el pasado 24 de junio.
Los sismos han dejado más de 4,700 muertos y más de 16,700 heridos, de acuerdo con cifras oficiales divulgadas el martes.
Tras más de diez días de búsqueda con picos, palas y una máquina que, según la familia, solo arrastraba tierra, los familiares de Bolívar encontraron finalmente a las jóvenes.
Bolívar explicó que los cuerpos estaban atrapados bajo cuatro placas de concreto que tuvieron que romper con martillos y un taladro que su cuñado consiguió prestado.
“Tenía la esperanza de que las encontráramos vivas. Estefany estaba abrazando a su hermanita, tenían unas columnas encima. Tuvieron cuidado al sacar los cuerpos porque ya estaban bastante descompuestos”, dijo en una entrevista con el Nuevo Herald.
La madre recordó que fue “un momento muy doloroso” cuando, cerca de las 10:00 p.m. del pasado 6 de julio, su hermano José Gregorio Bolívar; el padre de sus hijas, José Julián Infante; su cuñado Marco Cerpa y su hermana Jenny de Cerpa la tomaron de la mano para darle la noticia del hallazgo.
Maquinaria pesada a tiempo para salvar vidas
Cuando el edificio donde vivía con sus hijas se desplomó, Bolívar pasó días pidiendo a las autoridades venezolanas y a los rescatistas que llevaran maquinaria pesada para acelerar la remoción de los escombros.
“Si hubiera habido la maquinaria necesaria desde esa misma noche del terremoto o, a más tardar, al día siguiente, muchas personas habrían salido con vida”, afirmó.
En una entrevista previa con el Nuevo Herald, cuando aún buscaba a sus hijas, la venezolana sostuvo que el régimen debía reforzar las labores de rescate en la zona más afectada y cuestionó la falta de maquinaria para atender el colapso de los edificios.
En esa ocasión aseguró que los rescatistas internacionales habían detectado personas entre los escombros, pero que las tareas de remoción se realizaban principalmente con palas y picos, con el apoyo de un tractor que, afirmó, solo podía retirar tierra y no romper la estructura del edificio.
Bolívar sobrevivió a los dos terremotos porque el transporte que la llevaba desde su trabajo hasta su casa la dejó en su parada apenas unos minutos antes de que comenzaran los sismos.
“Yo estaba trabajando en el aeropuerto. El transporte me dejó y no habían pasado más de diez minutos cuando comenzó el terremoto. Estaba a poca distancia de mi casa, pero ya no pude llegar porque los edificios empezaron a desplomarse”, relató en una entrevista con el Nuevo Herald.
Aseguró que vio personas caer desde los edificios y observó víctimas mortales y heridos de gravedad en las calles.
“Fue horrible, fue horrible. Vi caer personas de los edificios. Había vivos y muertos por todas partes”, dijo.
Cuando cesaron los terremotos logró llegar al lugar donde vivía, pero solo encontró un montón de escombros.
Bolívar durmió durante días en las inmediaciones del edificio donde residía con sus hijas, utilizando colchones, telas y otros objetos recuperados entre los restos del inmueble. Permaneció allí hasta que le informaron que habían localizado a las jóvenes sin vida.
Despedirse de las hijas
El estado de los cuerpos se deterioraba y Bolívar sintió que no podía esperar más para despedirse de sus hijas. Antes de que fueran trasladados a la morgue improvisada en los silos del puerto de La Guaira, sacó de su bolso una colonia para niñas que había comprado días antes y vertió la mitad sobre el cuerpo de cada una.
En la morgue, las autoridades abrieron las bolsas para que pudiera reconocerlas por última vez y confirmar su identidad. A las jóvenes les habían asignado los códigos 2337 y 2338 para identificar sus cuerpos.
Después retiró los restos con una funeraria privada para cremarlos y realizar el funeral. “Mis amores, mi mundo, mi vida, eran mis hijas. Estoy destruida”, confesó Bolívar.
