Los estrenos de fin de año, una tradición profundamente arraigada en la cultura venezolana, se han convertido en un lujo difícil de costear para muchas familias de los Altos Mirandinos.
La inflación persistente y la devaluación del bolívar han obligado a los hogares a recorrer durante días centros comerciales y mercados populares en busca de precios accesibles, sin mucho éxito.

En Los Teques, San Antonio y Carrizal, los precios de la ropa y el calzado para adultos oscilan entre los $60 y $100 por persona, dependiendo de la calidad y el lugar de compra.
Un pantalón tipo skinny puede encontrarse desde $10, mientras que los modelos tipo cargo alcanzan los $44. Las camisas y tops arrancan en $4, y los vestidos casuales desde $8. Para los caballeros, los jeans parten de $18, y los zapatos más económicos rondan entre $10 y $20.

En locales como Traki, en el centro comercial La Cascada, los jeans se consiguen desde $9, los suéteres navideños en $19 y las populares pijamas de peluche alcanzan los $28. Aunque algunos comerciantes aseguran que los precios se han mantenido estables respecto a años anteriores, la realidad es que el poder adquisitivo ha disminuido drásticamente, y pagar en bolívares suele implicar recargos adicionales.
“Uno termina gastando lo mismo que en Caracas, pero sin el pasaje”, comenta Yelitza, madre de tres, quien lleva más de una semana visitando tiendas en La Hoyada de Los Teques, el centro de San Antonio y el mercado de El Paso. “He tenido que dividir las compras: primero los zapatos, luego las camisas, y si alcanza, los pantalones. Todo en días distintos, buscando ofertas”.
El panorama se complica aún más para quienes tienen hijos. Vestir a un niño con camisa, pantalón y zapatos puede costar entre $40 y $60, sin incluir accesorios. Para una familia de cuatro, el gasto total en estrenos puede superar fácilmente los $300, una cifra inalcanzable para quienes dependen de ingresos en bolívares o bonos gubernamentales.
A pesar de las promociones puntuales —como dos pantalones palazzo por $15 o franelas a $5—, los comerciantes reconocen que las ventas han sido lentas.
Mientras tanto, muchas familias optan por reciclar ropa del año pasado, comprar solo una prenda simbólica o prescindir por completo del estreno. La tradición persiste, pero cada vez más golpeada por una economía que no da tregua.
Redacción El Tequeño
