El régimen de los copresidentes Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo anunció el pasado domingo la liberación de unas 30 personas encarceladas consideradas presos políticos.
Por BBC MUNDO
Aunque el gobierno atribuyó esta medida al 19º aniversario de la llegada de Ortega al poder, expertos y activistas la vinculan al cambio de contexto regional tras los sucesos del 3 de enero en Caracas.
En la otra cara de la moneda, organizaciones de derechos humanos denunciaron decenas de arrestos a personas en toda Nicaragua por celebrar en redes sociales la operación de Estados Unidos.
A nivel geopolítico, la detención de Maduro sacudió el equilibrio del llamado bloque bolivariano, que aglutina a los tres países con gobiernos autocráticos de izquierda en América Latina: Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Además de un aliado ideológico y político, la petrolera Venezuela ha sido durante años un importante sostén económico y energético para Cuba, mientras Nicaragua se ha mantenido en un segundo plano, con menor exposición internacional.
Ahora el presidente estadounidense, Donald Trump, asegura controlar los movimientos del gobierno venezolano, liderado por la que fue vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez.
El nuevo contexto ha puesto el foco no solo en el futuro de Cuba sino también en el de Nicaragua, cuyo gobierno ha respondido con dos tipos de medidas: las visibles, como la antes mencionada liberación de presos, y otras más subrepticias y reveladoras.
Respuesta y represión interna
El gobierno de Nicaragua condenó la acción militar estadounidense en Venezuela, pero en un principio lo hizo de una forma discreta y comedida.
En un comunicado bajo el título «‘Nicaragua por la verdad, la paz, la justicia y la vida», exigió el «respeto a la soberanía del pueblo de Venezuela» y acompañó a Delcy Rodríguez a la hora de «exigir la liberación inmediata del Compañero Nicolás Maduro y de la Compañera Cilia Flores».
Este jueves, Ortega subió el tono y se mostró más contundente ante la captura de Maduro, asegurando que se trató de «un acto de terrorismo» y acusando a Washington de tener una «actitud imperialista».
«Se creen los dioses, los dueños de la tierra», afirmó el mandatario durante una ceremonia de graduación de cadetes de la Policía Nacional.
A estos posicionamientos públicos se suman una serie de acciones que evidencian la seriedad con la que el régimen de Ortega y Murillo están abordando el asunto.
De ellas, la más visible fue la campaña de arrestos de nicaragüenses que celebraron en redes sociales la captura de Maduro.
«Doce horas después de la captura de Maduro, Rosario Murillo convocó en secreto a una encerrona en el búnker de El Carmen y, junto con el jefe de la Policía y los principales operadores políticos, ordenó un estado de alerta», indica a BBC Mundo el periodista nicaragüense Carlos Chamorro, director de la publicación Confidencial.
Ese estado de alerta «pretendía incluso impedir que la gente se manifestara y se expresara celebrando la caída de Maduro o que hiciera algún comentario sobre el régimen», señaló Chamorro.
Esto desembocó en la captura de al menos a 60 personas, «todos civiles: personas mayores, jóvenes… no hay discriminación», afirma por su parte Claudia Pineda, directora de la Unidad de Defensa Jurídica (UDJ) de Nicaragua y portavoz de Monitoreo Azul y Blanco.
Aunque algunas de estas personas fueron liberadas, al menos 49 permanecían recluidas en las cárceles del país la semana pasada sin que se hayan conocido nuevos datos desde entonces.
Pero esto no es todo.
La «paranoia» de Ortega y Murillo
«El régimen sandinista ha entrado en una fase de paranoia», asegura el expolítico y académico nicaragüense exiliado Félix Maradiaga, presidente de la Red Liberal de América Latina (RELIAL).
En primer lugar, explica Maradiaga a BBC Mundo, se ha disparado «la desconfianza hacia su círculo íntimo, que es un patrón que se venía observando de manera clara desde hace ya algunos años, pero nunca con tanta fuerza como en este momento».
«Se ha obligado a los altos oficiales de la Policía y el Ejército, altos funcionarios públicos, jueces, magistrados y alcaldes de las principales ciudades a entregar sus pasaportes en la Secretaría del Frente Sandinista», revela Madariaga, citando fuentes de alto nivel dentro del Estado nicaragüense.
También afirma que «se han enviado brigadas del Partido Sandinista casa por casa» de líderes comunitarios regionales y locales para «hacer lo que ellos llaman un diagnóstico de la disposición combativa», que sirve para verificar la lealtad y cohesión dentro del aparato de poder.
Pero, ¿qué llevaría a Ortega y Murillo a fiscalizar con tanto celo a los propios cuadros sandinistas?
Según Maradiaga, los dirigentes nicaragüenses creen que la captura de Maduro se gestó con traiciones internas dentro del esquema de poder venezolano, y temen que les ocurra lo mismo.
«El régimen, observando lo que ha pasado en Venezuela, ha llegado a la conclusión de que los círculos o los anillos de lealtad que tenían no son tan sólidos como pensaban», interpreta el académico.
El periodista Carlos Chamorro, por su parte, cree que Ortega y Murillo «se están viendo en el espejo de Maduro».
«Se están viendo en el espejo de que las dictaduras no son invulnerables y no tienen ningún socio ni aliado que las pueda apoyar y proteger cuando enfrentan acciones de Estados Unidos».
Chamorro asegura que «Nicaragua es un país muy aislado, que ha fabricado una narrativa para su propia base de que tiene una gran alianza con China y con Rusia pero, al ver el espejo de Venezuela, esas alianzas no sirven para nada en esta circunstancia».
Lea más en BBC MUNDO
