Este martes, la capital mirandina conmemora 248 años desde su elevación a parroquia eclesiástica, decretada el 21 de octubre de 1777 por el obispo Mariano Martí. El acto marcó el inicio formal de la vida comunitaria organizada en la región, consolidando a Los Teques como núcleo religioso, administrativo y social en el altiplano central.
El nombre de la ciudad proviene de la etnia caribe que habitaba la zona antes de la colonización. El primer asentamiento formal se ubicó en El Corozal, donde hoy se levanta Palo Alto. Allí se construyó una capilla familiar que motivó la visita pastoral de Martí y el posterior reconocimiento eclesiástico.
Con el paso de los siglos, Los Teques se transformó en capital del estado Miranda y en referencia cultural del país. Su clima templado, su cercanía con Caracas y su crecimiento urbano la convirtieron en ciudad dormitorio para miles de trabajadores que se movilizan diariamente por la carretera Panamericana y el sistema Metro.
Entre sus aportes más populares destaca el origen del tequeño, pasapalo emblemático de la gastronomía venezolana, cuyo nombre se asocia directamente con la ciudad. Aunque existen varias versiones, la más difundida atribuye su creación a Josefina Hernández de Oviedo, quien lo sirvió por primera vez en una fiesta caraqueña.
Actualmente, Los Teques concentra cerca del 80 % de la población del municipio Guaicaipuro y mantiene una intensa actividad cultural, profesional y comunitaria. Cronistas locales y organizaciones patrimoniales han reiterado la importancia de preservar su memoria histórica, especialmente en medio de los desafíos urbanos que enfrenta.
La efeméride invita no solo a celebrar, sino a reflexionar sobre el papel de la ciudad en la construcción de identidad regional. Desde sus raíces indígenas hasta su consolidación como capital, Los Teques sigue siendo símbolo de resistencia, cultura y transformación.
