Más allá de su arquitectura centenaria, la historia de Los Teques también se ha forjado al calor de leyendas y supersticiones. En el marco del aniversario 249 de su elevación a parroquia eclesiástica, la memoria colectiva de la ciudad rescata aquellos relatos de espantos que, durante décadas, han alimentado el imaginario colectivo.
Uno de los mitos urbanos tiene lugar en la calle Sucre. Cuentan los vecinos de mayor edad que durante las madrugadas más frías, el galope de caballos y el resonar de carretas rompen el silencio del sector. Para muchos, se trata del eco de antiguos viajeros y acaudaladas familias que transitaban la villa hacia Caracas a principios del siglo XX.
El misterio no se detiene allí y halla eco en Villa Teola, célebre quinta declarada patrimonio local. Quienes viven cerca de la propiedad aseguran que, pasadas las 3:00 a.m., un suave sonido de piano resuena entre los jardines. La leyenda popular atribuye la melodía al espíritu de una antigua concertista que allí residió.
En la emblemática Plaza Guaicaipuro (terreno que en el pasado albergó un antiguo manicomio antes de su inauguración en 1927), aún hay quienes juran escuchar ecos de lamentos y gritos.
»Estas leyendas no son meros cuentos de camino; representan un componente vivo del patrimonio inmaterial guaicaipureño que ha pasado de generación en generación», opinó Pedro Jaramillo, quien agregó que «celebrar un nuevo aniversario de Los Teques es también abrazar esa devoción religiosa que convivió siempre con la superstición de pueblo».
-Al final, los lamentos de la Plaza Guaicaipuro, el piano fantasma de Villa Teola y las carretas de la calle Sucre son testimonios orales de una ciudad rica en tradición-, remató el entrevistado quien a sus 75 años de vida cree que «de que vuelan vuelan»./JR
