El economista y presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, consideró que el reciente acuerdo petrolero entre Venezuela y Estados Unidos debe ser analizado más allá de la controversia política y advirtió que todavía existen interrogantes sobre su viabilidad, estructura financiera y verdadero impacto para el país.
A través de sus redes sociales, León señaló que el debate sobre la soberanía no debería desplazar la discusión sobre las consecuencias económicas del pacto. “Quiero concentrarme en lo económico, porque el ruido político suele tapar lo que va a determinar la vida concreta de la gente”, afirmó.
El analista manifestó cautela frente a los anuncios realizados por ambos gobiernos y sostuvo que todavía no está claro si el proyecto podrá materializarse en las dimensiones planteadas.
“Lo primero es lo más incómodo: no sabemos si esto es un proyecto realizable o una campaña política”, expresó León, quien destacó que levantar una iniciativa petrolera de esta magnitud requerirá inversiones de decenas de miles de millones de dólares.
No obstante, consideró que existen incentivos suficientes para que el proyecto pueda avanzar. “Tampoco se puede despachar como puro show”, afirmó, al señalar que Estados Unidos tiene un interés estratégico en garantizar suministro energético, mientras Venezuela necesita urgentemente inversión extranjera para recuperar su industria petrolera.
Los contratos serán determinantes
León sostuvo que el verdadero impacto económico del acuerdo no puede medirse únicamente a partir de las cifras anunciadas, sino de las condiciones que finalmente queden establecidas en los contratos.
“Que sea bueno o malo económicamente para Venezuela no lo define lo anunciado, sino cómo se implemente”, explicó.
Uno de los aspectos que consideró más relevantes es la participación estadounidense sobre la producción. Según el análisis de León, Estados Unidos tendría acceso a 55% de la producción efectiva del proyecto mediante participación accionaria y derechos para adquirir crudo a costo.
El economista advirtió que esta estructura podría tener consecuencias sobre la recaudación fiscal venezolana dependiendo de cómo se establezcan los precios y los costos.
“Si más de la mitad se entrega a costo y no a precio de mercado, el ingreso reportado se comprime y con él dos de los tres tributos”, sostuvo.
En ese sentido, cuestionó que todavía no se conozcan públicamente las condiciones contractuales que permitirían determinar cómo se calcularán los impuestos y regalías.
“Los 209 mil millones en impuestos anunciado solo cuadran con valoración fiscal a precios internacionales”, afirmó, al tiempo que agregó que esa posibilidad podría estar contemplada en contratos que aún no han sido publicados.
León también puso el foco en la definición de los costos de producción. “Cuando el comprador es también el accionista mayoritario esa definición pesa tanto como la tasa”, señaló.
No voy a entrar en el debate de soberanía, y no por evadirlo sino por precisión: ese debate no empieza aquí. Empieza cuando pidieron la intervención de otro país para resolver nuestros problemas, se materializó el 3 de enero y sigue con el control de los recursos del país en…
— Luis Vicente Leon (@luisvicenteleon) August 30, 2026
Inversión podría generar efectos más allá del petróleo
El economista también destacó que el eventual desarrollo de los 17 campos petroleros podría generar efectos sobre otros sectores de la economía venezolana.
Una inversión de esta magnitud, explicó, requeriría reconstruir infraestructura relacionada con mejoradores, sistemas de dilución, oleoductos, terminales y generación eléctrica.
“Una inversión así en 17 campos, buena parte greenfield en la Faja, obliga a reconstruir mejoradores, dilución, oleoductos, terminales y sobre todo generación eléctrica dedicada”, indicó.
A su juicio, esa inversión podría impulsar actividades como la construcción, transporte, servicios, metalmecánica y generación de empleos, además de incentivar el retorno de profesionales venezolanos.
León también planteó que la presencia de capital estadounidense podría modificar la percepción de riesgo entre otros inversionistas internacionales interesados en Venezuela.
“Ver a EEUU como socio con intereses propios puede cambiar la percepción de estabilidad para otros inversionistas extranjeros”, afirmó.
Energía, inteligencia artificial y minería
Otro de los elementos destacados por León fue el posible desarrollo de infraestructura energética, que podría tener consecuencias sobre sectores que van mucho más allá de la producción de hidrocarburos.
“La energía firme y barata se volvió el cuello de botella de la inversión tecnológica”, sostuvo.
Según explicó, una Venezuela capaz de generar electricidad a gran escala podría convertirse en un destino atractivo para inversiones relacionadas con centros de datos e inteligencia artificial, además de proyectos mineros y de minerales estratégicos.
Sin embargo, advirtió que estos beneficios no serían inmediatos. “El crudo extrapesado madura entre cinco y diez años y el capital anunciado es intención, no todavía desembolso”, señaló.
Finalmente, León llamó a evaluar el acuerdo tomando en cuenta la situación económica y social que atraviesa Venezuela. Mencionó las deficiencias del sistema eléctrico, el deterioro de las universidades, la pérdida del poder adquisitivo y las necesidades de las personas afectadas por los recientes terremotos.
“El punto de partida es duro pero real: la mayor parte de nuestro petróleo está inutilizado en el subsuelo, sin posibilidad de que el país lo desarrolle solo”, afirmó.
Para el economista, el desafío será determinar si el acuerdo logra convertirse en inversiones reales capaces de generar producción, ingresos y empleo, y bajo qué condiciones económicas se distribuirán sus beneficios.
“Analizar bien lo que viene, con datos y sin consignas, es lo mínimo que nos debemos”, concluyó.
