El movimiento estudiantil de la Universidad Central de Venezuela (UCV) ha cruzado un umbral donde la convicción supera al riesgo. Rosa Cucunubá, dirigente de la Federación de Centros Universitarios de la UCV (FCU), revela que los estudiantes han decidido anteponer la denuncia cívica y el acompañamiento a las víctimas frente a una persecución que busca paralizarlos.
«No estamos exentos del miedo, pero preferimos mil veces alzar la voz que seguir viviendo bajo este sistema», afirma, describiendo la postura de una generación que ve en la movilización pacífica su única herramienta de defensa.
Ante detenciones que califica como «secuestros», Cucunubá explica que la dirigencia acude a las autoridades rectorales de la universidad para que ayuden a realizar las gestiones necesarias que permitan localizar a los estudiantes desaparecidos.
Para la representante ucevista, este esfuerzo ciudadano es lo que realmente genera resultados.
Expresó que la propuesta de Ley de Amnistía constituye una respuesta del poder ante la «presión externa e interna» y no una concesión voluntaria. La dirigente describe el proceso de detención como un «infierno» que afecta a personas inocentes, transformando cada caso en un motivo para seguir alzando la voz.
Para la FCU, la meta final es el cese de la persecución y la construcción de un país donde pensar distinto no sea un delito. «Esa es la Venezuela en la que trabajamos todos los días, pese a las circunstancias difíciles».
Cucunubá concluye que la motivación del movimiento se mantiene en el trabajo diario por un país con dignidad, asegurando que el acompañamiento a los familiares y la visibilización de los casos continuarán siendo la ruta principal de la dirigencia ucevista.
Yudresky Betancourt
