Felipe VI recibió este lunes en el Palacio Real las cartas credenciales de Timoteo Zambrano, el primer embajador de Venezuela en España de la etapa posterior a Nicolás Maduro, capturado en enero por EEUU y llevado a una cárcel de Nueva York, donde espera a ser juzgado.
El Periódico/EFE
La designación de Zambrano decidida por Delcy Rodríguez, a quien Washington dejó en el poder, marca además un cambio respecto a las últimas décadas: el nuevo embajador procede de la oposición venezolana y no de las filas del chavismo.
Exdirigente de Acción Democrática y veterano negociador político, Zambrano se ha distanciado durante años de la oposición mayoritaria por su defensa del diálogo con el chavismo. Sus adversarios lo han acusado de colaboracionismo, mientras él ha reivindicado la negociación y la participación electoral como vías para resolver la crisis venezolana. Zambrano mantiene, además, una estrecha relación con el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, con quien ha colaborado en distintos intentos de mediación entre el Gobierno venezolano y la oposición. Ya en 2018 defendió públicamente el papel de Zapatero en las gestiones para lograr la excarcelación de presos políticos y ambos han mantenido desde entonces un contacto frecuente en torno a los procesos de diálogo en Venezuela.
El exjefe del Ejecutivo español vive un momento muy delicado por sus lazos con las autoridades y empresarios de ese país, adonde ha viajado en numerosas ocasiones en los últimos 10 años: en estos momentos sigue abierta la investigación judicial por los presuntos delitos de tráfico de influencias, blanqueo de capitales, organización criminal y falsedad documental en el marco del rescate de la aerolínea Plus Ultra, compañía española pero con socios venezolanos.
El exdiputado Timoteo Zambrano, representante permanente ante la Organización Mundial del Turismo (OMT), con sede en Madrid, sustituye como embajador en España de la República Bolivariana de Venezuela a la abogada y expresidenta del Tribunal Supremo Gladys Gutiérrez.
El monarca mantuvo una reunión con el diplomático en otra sala para intercambiar impresiones sobre el estado de las relaciones bilaterales.
La ceremonia de entrega ante el jefe del Estado de las cartas credenciales se remonta al siglo XVIII y se ha mantenido prácticamente intacta en su desarrollo hasta la actualidad.
