Trump redobla sus ataques a los medios y a la libertad de expresión tras el asesinato de Charlie Kirk

Entre los principales orgullos del movimiento conservador estadounidense siempre estuvo la imagen de sí mismo como adalid de la sacrosanta libertad de expresión frente al espíritu “censor” de la izquierda. Las cosas parecen haber cambiado con Donald Trump en el poder por segunda vez. Tras su vuelta a la Casa Blanca, han arreciado sus ataques a la prensa y el silenciamiento de sus adversarios, que se han visto intensificados tras el asesinato hace nueve días del líder juvenil MAGA (Make America Great Again) Charlie Kirk. Trump, su vicepresidente, J. D. Vance, y otros miembros del Gobierno han lanzado desde entonces una campaña contra la libertad de expresión a lomos de un terrible crimen del que el presidente culpa a la “izquierda radical”, mientras promete que esta, por muy difuso que sea el concepto, pagará por ello.

El País

Kirk murió de un balazo en el cuello mientras ejercía en una universidad un derecho garantizado por la Primera Enmienda, de la que él mismo era un absolutista. Su asesinato fue celebrado o disculpado en ciertos sectores de la izquierda y la extrema izquierda estadounidenses y eso empujó a los líderes del mundo MAGA, un movimiento aglutinado en buena media en torno a las críticas a la cultura de la cancelación, a adoptar su propia versión de esa pasión censora y a señalar públicamente a quienes festejaron la muerte de Kirk para animar a sus empleadores a que los despidieran.

La víctima más famosa de ese cambio de guion en la derecha es el cómico Jimmy Kimmel, cuyo programa nocturno fue suspendido este miércoles por la noche “indefinidamente” por la cadena que lo emitía desde hace 20 años, ABC. Fue a raíz de un comentario de Kimmel sobre la reacción de algunos simpatizantes de Trump tras conocer la noticia de que el presunto asesino, un joven de 22 años llamado Tyler Robinson, proviene de un hogar mormón, republicano y amante de las armas.

Kimmel, que a continuación bromeó sobre el duelo del presidente tras perder a uno de sus más estrechos aliados, hizo ese comentario antes de que el martes las autoridades ofrecieran pruebas de la conexión de los actos del presunto asesino, cuya madre ha contado a los investigadores que había abrazado posturas “izquierdistas”, con un hartazgo, confesado por el propio Robinson, con el “odio” que, a su juicio, esparcía Kirk. El joven activista era famoso por su compromiso con la libertad de expresión y con el derecho a portar armas, sí, pero también por un discurso antiinmigrante y antiLGTBI+, contrario a las políticas de discriminación positiva y defensor de la supremacía del hombre y de la cultura occidental.

El comentario de Kimmel fue contestado durísimamente en un pódcast por un funcionario de la Administración de Trump, Brendan Carr, presidente del regulador de las comunicaciones (FCC). Carr sugirió a ABC que debía despedir al presentador y que, si no, el Gobierno tomaría cartas en el asunto. “Podemos hacer esto por las buenas o por las malas”, dijo. Unas horas después, la cadena de emisoras locales afiliada a la ABC Nexstar, que se halla en mitad de un trascendental negocio para el que necesitan el permiso de la FCC, anunció que no pondrían más el late night de Kimmel. A los pocos minutos, ABC consumó la suspensión del programa.

Quitar la licencia a los que lo critiquen

Trump, de vuelta de su visita de Estado al Reino Unido, dijo este jueves a los reporteros que lo acompañaban en el avión presidencial que cree que la FCC debería revocar las licencias de las cadenas cuyos presentadores de programas nocturnos hablen negativamente de él. La noche anterior, celebró el fin de Kimmel en su red social, Truth, como “grandes noticias para Estados Unidos”.

No era la primera vez: en julio, cuando Stephen Colbert desveló que su empleadora, la CBS, no le renovaría el contrato al final de la nueva temporada, el presidente de Estados Unidos lo festejó, y aventuró que Kimmel sería el siguiente. Este miércoles también dijo que otros dos presentadores de la franja nocturna, Seth Meyers y Jimmy Fallon, deberían correr la misma suerte.

Los demócratas en el Congreso han pedido la dimisión de Carr, que justificó en una entrevista en Fox News su decisión argumentando que los cómicos televisivos han dejado de ser “bufones de la corte que se burlaban de todos los que están en el poder a ser clérigos y a imponer una ideología política muy estrecha”. Carr también considera que las emisoras locales, que llegan a todos los rincones de eso que llaman Middle America y reproducen los contenidos de las grandes cadenas, han dicho “basta ya” a la propaganda de Hollywood y Nueva York.

Katie Fallow, abogada experta en libertad de expresión y directora adjunta del Instituto Knight de la Universidad de Columbia, consideró este jueves en una conversación telefónica que “la suspensión de Kimmel tras la amenaza de Carr es el ejemplo más grave y reciente de un ataque sostenido a la Primera Enmienda por parte de la Administración de Trump”. “Me parece de una hipocresía extrema que quienes se quejaban de ser expulsados de las redes sociales o del discurso público por sus ideas quieran cancelar aquello con lo que no están e acuerdo ahora que están en el poder. La libertad de expresión no debe ser censurada ni suprimida, independientemente de si eres de derechas o de izquierdas. Pero es aún más grave cuando el Gobierno amenaza con sanciones económicas o incluso prisión a a sus críticos”.

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