Una madrugada de hace 45 años, María Carrillo descendía con dolores de parto desde la parte alta de La Vega, en Caracas, rumbo al hospital donde daría a luz a su primer hijo.
Lo que comenzó como una travesía marcada por el miedo y la incertidumbre, terminó convirtiéndose —según su testimonio— en una experiencia que atribuye directamente a la intervención del doctor José Gregorio Hernández.
“Tenía mucho miedo de dar a luz en ese hospital. En esa época decían que no eran bien atendidas las pacientes, por lo que le recé mucho al doctor José Gregorio Hernández para que me ayudara a dar a luz a mi bebé”, relata.
Eran cerca de las 4:00 a. m. cuando, tras bajar cientos de escaleras, logró llegar a la avenida principal. Con ayuda del padre de su hijo, detuvieron un vehículo que accedió a llevarlos al hospital. “Iba a toda velocidad, yo tenía muchísimo dolor, estaba prácticamente dando a luz. En minutos llegamos a las puertas del hospital”, recuerda.
Según María, al llegar, escuchó al chófer pedirle a su acompañante que la ayudara. “En cuestión de segundos se abrió la puerta del carro y un hombre con bata blanca y sombrero negro me extendió la mano y me ayudó a bajar”.
Lo que sorprendió a quienes la acompañaban fue que, pese a los gritos de dolor previos, la mujer se bajó sola y caminó hacia el área de emergencia.
“Luego que di a luz le pregunté al papá de mi hijo si el chófer había sido quien me ayudó, y me dijo que no, que nadie me había ayudado. Fue cuando tuve la certeza de que había sido José Gregorio Hernández”, afirma.
El parto fue rápido, el niño nació sano y meses después, María llevó flores y velas al médico de todos los venezolanos como muestra de agradecimiento por lo que considera un milagro.
