La solidaridad es un idioma y el venezolano lo habla a la perfección, como ha quedado evidenciado en la actuación de la población civil que se ha organizado para ayudar tras los terremotos registrados el miércoles 24 de junio.
Gabriel De Sousa, terapeuta ocupacional y docente Universitario residente de los Altos Mirandinos, fue una de las personas que se activó para prestar sus conocimientos en el parque del Oeste Alí Primera de Caracas.
La primera jornada, realizada el domingo 28 de junio, nació de una iniciativa autogestionada e independiente, uniendo a un equipo multidisciplinario de profesionales y estudiantes de terapia, docencia y carreras afines.
»El inicio no fue sencillo por la rigidez de los protocolos de acceso. A pesar de que ya existían coordinaciones previas, los controles de seguridad institucionales se tornaron complejos, al punto de exigirnos insumos de bioseguridad a última hora. Sin embargo, las ganas de ayudar del equipo pesaron más que cualquier traba burocrática y logramos entrar», relató.
-Una vez adentro, la realidad nos confrontó de golpe: El impacto inicial de ver a tantas familias despojadas de sus pertenencias se transformó rápido al conversar con ellos. A pesar de cargar con el peso enorme de la incertidumbre, las ganas de salir adelante prevalecen en cada persona.
La segunda jornada, realizada el lunes 29 de junio, se articuló a través del voluntariado universitario de la Universidad Politécnica Territorial de los Altos Mirandinos Cecilio Acosta (UPTAMCA), «lo que nos permitió expandir el alcance de la atención. Este día pudimos censar y mapear a un volumen significativamente mayor de familias, adentrándonos en realidades socioemocionales más complejas».
A juicio del entrevistado, «a pesar de tener mil preocupaciones en la cabeza, la educación de la gente jamás quedó de lado. El ‘buenos días’, ‘buenas tardes’ y el ‘gracias’ fueron la constante (…) Este día nos reafirmó que la población refugiada no está cruzada de brazos ni resignada a su situación; al contrario, manifestaron disposición a luchar por reconstruir sus vidas desde cero».
De Sousa señaló que la interacción con los niños volvió a ser el motor más gratificante de la jornada, «contagiándonos con una energía lúdica que los caracteriza y que, de alguna manera, los protege en su condición de niños».
-Estas experiencias trascienden el voluntariado meramente asistencial; se consolidan como una intervención humana de alto impacto. Haber logrado tocar los corazones de estas familias y conectar con sus historias desde la empatía es el verdadero logro. Como profesional de la salud y la docencia, me queda una profunda gratitud hacia la vida, hacia los conocimientos adquiridos y hacia el Programa Nacional de Formación (PNF), por proveer las herramientas técnicas y humanas necesarias para aportar un grano de arena significativo en medio de la tragedia. La resiliencia de esta comunidad es, hoy por hoy, nuestro mayor impulso para seguir batallando al servicio de quienes más lo necesitan./JR



