Detrás de las paredes caídas y los techos de zinc destrozados por el doblete sísmico en las fronteras de Miranda y Aragua, se esconde una crisis invisible pero devastadora: el impacto psicológico en niños y adolescentes.
Los niños de las comunidades agrícolas afectadas (Las Hernández, La Fila, Hondón Abajo y La Ciénaga) han perdido su «espacio seguro» y sus rutinas diarias, lo que ha desencadenado severos cuadros de vulnerabilidad emocional. A esto se suma una alarmante realidad sociodemográfica detectada en los sectores rurales: la escasez de adolescentes y su aislamiento de la dinámica comunitaria.
Los alarmantes datos socioemocionales se desprenden del Informe de Diagnóstico Rápido: Censo de Emergencia Post-Sismo de la Parroquia Nuestra Señora del Monte Carmelo. Al analizar la estructura etaria de la población damnificada, los investigadores se toparon con un vacío demográfico: mientras registraron una sólida población de infantes (47 niños) y de adultos (81 personas), el grupo de adolescentes entre 13 y 17 años apenas llega a 13 jóvenes en total.
El estudio enciende las alarmas al calificar como «preocupante» la escasa o nula participación de este reducido grupo en las actividades de reconstrucción y tejido social de sus propios sectores.
El informe técnico documenta el trauma psicológico de los más pequeños, tal como ocurre en el sector La Fila, donde los evaluadores médicos y psicopedagógicos reseñaron la urgencia de atender a una joven de 14 años con sintomatologías clínicas compatibles con intensas crisis de pánico y Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), detonadas de forma directa por el terremoto y la pérdida material de su hogar.
Frente a este escenario de shock, las Pastorales Social y Juvenil advierten que la exposición prolongada a los elementos y el hacinamiento en refugios improvisados están desestabilizando la salud mental general.
Como respuesta inmediata a la falta de atención médica especializada en salud mental, la Pastoral Juvenil ha comenzado a diseñar libros de actividades religiosas para colorear y combos de creyones para los niños.
El informe concluye con un llamado a los psicólogos clínicos de la región para que se sumen a brigadas voluntarias e implementen narrativas terapéuticas de catarsis./JR
