El inicio de un nuevo año escolar no solo representa un reto financiero para los padres, sino también para los educadores de los Altos Mirandinos.
De acuerdo con un reciente estudio presentado por el dirigente independiente Eric Ondarroa, un docente en Venezuela requiere invertir al menos 376 $ de su propio bolsillo para poder retornar a las aulas este año escolar 2026.
Esta suma abarca rubros esenciales como ropa y calzado básico ($216), transporte ($40) y una alimentación mínima estimada en $120; un monto que equivale a 1,5 meses del ingreso mínimo integral o a más de 2.000 salarios mínimos legales de ley.
En planteles de Los Tequeños, Carrizal y San Antonio de los Altos, la realidad cotidiana refleja la magnitud de esta brecha. Para un maestro altomirandino se hace cuesta arriba lidiar con todos los gastos. «A veces no me alcanza para el pasaje y tengo que cubrirlo con ingresos de otros trabajos. Menos me da para comprarme ropa, así que me inventé mi propio uniforme y me compré unos zapatos que espero resistan lo que queda del 2026», confesó Marisela Quijano, docente de Los Teques.
Sin embargo, profesionales de la educación de la subregión advierten que la cifra proyectada se queda corta frente a las exigencias reales del aula. «De nuestro bolsillo debe salir el financiamiento de insumos pedagógicos básicos como cuadernos de planificación, marcadores, bolígrafos, fotocopias para registros de evaluación e insumos para la ambientación de los salones. Básicamente a nuestra función docente le estamos sumando tareas para garantizar la operatividad de las escuelas», agregó la docente consultada.
Frente a esta coyuntura, gremios educativos y voceros independientes reiteran la urgencia de que el Ministerio de Educación implemente políticas públicas que alivien esta carga, tales como programas eficaces de dotación de uniformes, subsidios directos de transporte y apoyo alimentario.
»Mientras tanto, en los Altos Mirandinos, el regreso a clases se sostiene fundamentalmente sobre la vocación y el sacrificio financiero de un gremio que continúa invirtiendo de sus mermados recursos para mantener abiertas las escuelas», refirió Alberto Briceño, docente que abandonó su trabajo en aulas para dedicarse a vender ropa. /JR
