Dónde estaban los militares chavistas después de los terremotos en Venezuela

En las primeras horas tras los espantosos terremotos que sacudieron el norte de Venezuela, los propios vecinos y familiares, atravesados por la incredulidad, el dolor y el estupor, buscaban a los suyos bajo edificios reducidos a escombros. Trabajaron sin equipos, sin maquinarias pesadas, ayudados con picos y palas e impelidos por el desespero, los gritos y la urgencia de luchar contra la muerte.

Por Omar Lugo / theobjective.com

En la medida en que la peor tragedia natural en 30 años en Venezuela desplegaba sus garras como una bestia y en redes sociales se difundían imágenes y testimonios de los sobrevivientes en las áreas más afectadas, se hizo «público, notorio y comunicacional» que los militares y cuerpos de seguridad del régimen chavista que encabeza Delcy Rodríguez respondían tarde a las primeras horas de la emergencia y rescate de sobrevivientes.

Días después, en medio de una noble respuesta internacional, comenzaron a llegar equipos civiles y militares con hombres, naves y tecnología de tres docenas de países amigos de Venezuela. El Comando Sur, de Estados Unidos, afirma que coordina el mayor despliegue táctico y operativo en esta emergencia.

Grupos de rescatistas organizados, un total de 3.660, con un centenar de perros entrenados, provenientes de países tan distintos como El Salvador, Vietnam, Qatar, Chile, Suiza, Argentina, España, Francia, Australia y Jordania fueron llegando a Venezuela incluso al filo de que se cerrara la ventana crítica de 72 horas para encontrar sobrevivientes.

Muchos de estos grupos se sumaron a los civiles de Venezuela, pero llegaron primero a algunas zonas colapsadas para buscar sobrevivientes entre enormes losas de lo que habían sido pisos y techos de edificios enteros, derrumbados como pasteles de hojaldre.

«Gracias a los ciudadanos es que fuimos rescatados muchos sobrevivientes. Ellos asumieron el trabajo que el Estado no asumió», se descargaba en una entrevista en el canal de TV abierta Televen Diego Flores, de 34 años, este 30 de junio.

Narra en cámara que sus vecinos lo sacaron de los escombros, junto a su padre, después de ocho horas atrapado en los restos de un edificio de 14 pisos en la urbanización La Páez, de La Guaira, a solo 40 kilómetros del centro de Caracas. Vivía con su familia en el piso 13, letra A, apartamento 137. Su madre y su hermano murieron aplastados en el hogar.

«Duré ocho horas tapiado luego de que edificio cediera en un minuto. Perdí a mi madre, a mi hermano, los vi agonizar. Gracias a la comunidad es que fuimos salvados muchos sobrevivientes», dice en la propia escena de la tragedia, donde los vecinos rescataron a 47 personas.

«Aquí no llegaron los cuerpos del Estado. Los cuerpos bomberiles y Protección Civil no tienen respuesta, no están preparados para los acontecimientos». Manifiesta tener conmoción cerebral, lesiones en el tren inferior y dice que expulsa coágulos de sangre. Pero está todavía buscando sobrevivientes en el lugar al momento de la entrevista.

Horas después de que ya era bien conocida la magnitud de la tragedia, todavía no se veían por ninguna parte los equipos militares de rescate, maquinarias pesadas, camiones o unidades especializadas de respuesta táctica de militares venezolanos. Apenas había bomberos y personal de Protección Civil, sin equipos ni tecnología.

En condiciones normales, la presencia militar es ostensible en Venezuela, especialmente en instituciones públicas, en fechas de elecciones, y cuando salen a reprimir manifestaciones de opositores.

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