En días pasados, el ministro de la Defensa anunció la realización de una investigación sobre el desempeño de la FAN el 3 de enero.
Investigación pertinente porque es importante saber por qué el costosísimo dispositivo antiaéreo –presentado por la propaganda oficial cómo infalible ante cualquier agresión– resultó siendo un fiasco. Pero no solo se trata de eso, sino de que contrainteligencia militar tampoco detectó lo que iba a ocurrir.
Siendo importante lo anterior, esas no son las principales explicaciones que el Alto Mando de la FAN le debe al país. Porque el 3 de enero tiene su origen y causa en el posicionamiento político de la FAN respecto del fraude cometido contra la soberanía popular el 28 de julio de 2024, de los errores de cálculo al evaluar las consecuencias en el plano internacional del fraude –sobre todo en relación a un Estados Unidos gobernado por Trump–, de la estrategia ejecutada para actuar como sostén fundamental de la dictadura instaurada mediante el uso del terrorismo de Estado contra la sociedad.
Consideración aparte, merece su errada lectura del proceso de confrontación iniciado a partir del despliegue aeronaval de Estados Unidos frente a las costas venezolanas. Se plegaron (por decir lo menos) a la estrategia del chavismo de cazar y estimular una confrontación bélica con un adversario infinitamente superior suponiendo que Estados Unidos no iba a trascender de la guerra psicológica al ataque contra objetivos en el territorio nacional cuando, en los meses finales del año pasado, envió señales de que no tenía otra opción que escalar el enfrentamiento hasta lograr sus objetivos.
No quisieron o no supieron evaluar el hecho de que una gran potencia como Estados Unidos –y más en un contexto geopolítico mundial en recomposición– no podía a riesgo de mostrarse débil ante sus adversarios desactivar tal dispositivo aéreo naval sin lograr ganancias políticas sustantivas y visibles. Como agravante debe agregarse la subestimación de la nueva doctrina de Seguridad y Defensa aprobada por la administración Trump, en la cual se le confiere prioridad al continente americano como zona de influencia; ¿qué mejor escenario que Venezuela para empezar a aplicarla? Escenario en donde los principales adversarios geopolíticos de Estados Unidos: China, Rusia, Irán, Cuba, ELN y otros actores se habían convertido en los principales aliados internacionales del régimen. Incluso, algunos analistas internacionales señalaron, en varias ocasiones, que una operación quirúrgica para capturar una figura importante del régimen era la opción más probable de ocurrir. Estos reiterados señalamientos, no solo indicaban el escalamiento a la fase de ataque al territorio, sino también el formato de la misma.
No se entiende cómo el Alto Mando de la FAN –que se supone debe contar con un War Room integrado por analistas expertos en asuntos de estrategia y táctica– no procesó de manera acertada las señales que se emitían desde Estados Unidos que hacían probable un cambio de calidad sustantivo en el enfrentamiento y su muy probable ocurrencia en el año por comenzar.
También erraron al coauspiciar todo el show montado alrededor de la guerra asimétrica y el pueblo en armas. En particular, por su gravedad, en lo referente a la entrega de armas de guerra a civiles organizados en milicias y colectivos. Erosionando aún más el principio capital de todo Estado –que se precie de tal– como lo es el monopolio de la violencia legítima.
Por todos esos desaciertos el prestigio de la FAN como institución del Estado está en niveles muy bajos de valoración positiva por parte de la sociedad; tan bajos cómo la valoración del gobierno.
Por Gonzalo González
