«Un pueblo ignorante es un instrumento de su propia destrucción», Simón Bolívar, Discurso de Angostura (1819)
En los 40 años de su democracia (1958-1998), Venezuela alcanzó altos estándares de desarrollo en educación, salud y calidad de vida. Con aciertos y errores, venía evolucionando gradualmente de un país subdesarrollado a un país emergente.
Sembramos el petróleo con inversiones en la industria pesada del acero y la bauxita (Sidor, Venalum, Alcasa, Bauxiven) y en la industria manufacturera, con la construcción de ingenios azucareros y complejos fabriles. Invertimos en la infraestructura física y humana de la industria petrolera y petroquímica (Pdvsa, Pequivén, empresas mixtas, Cied, Intevep). Desarrollamos empresas y complejos hidroeléctricos (Edelca, Electricidad de Caracas, Enelven, y las represas de Guri y Uribante-Caparo).
Pero en 1998, los venezolanos creyeron en las mentiras de un golpista, de un demagogo, de un encantador de serpientes y todos caímos por inocentes.
Traicionando a la democracia, Chávez la destruyó desde adentro y la convirtió en una cacocracia, en el gobierno de los peores, de los deshonestos y de los incapaces. Gobernó con los incompetentes, con los ignorantes, con los corruptos, con los que buscaban el interés propio, con individuos de baja calidad moral e intelectual, sin principios ni valores; gobernó con el PSUV. Después vino Maduro y nombró en su gobierno a los individuos más ineptos e incompetentes, a una pandilla de corruptos, delincuentes y ladrones, combinando dos desgracias: la cacocracia y la cleptocracia, convirtiendo a esa administración en la peor de las peores, en una kakistocracia.
El deterioro del modelo político venezolano no puede explicarse bajo las categorías tradicionales de autoritarismo o dictadura. Lo que ha operado en el país durante el ciclo chavista-madurista es la unión de tres deformaciones institucionales: la cacocracia (el gobierno de los peores), la cleptocracia (el gobierno de los ladrones) y la kakistocracia (el gobierno de los peores entre los peores).
En estos últimos 27 años, Venezuela cayó en lo más bajo; se institucionalizó el saqueo, el robo de los bienes públicos y se legalizó un régimen de ladrones. Se creó un Estado mafioso, donde las redes criminales no solo operaron dentro del Estado, sino que eran el Estado mismo.
Pero este año, gracias a Dios y a la captura y extracción de Maduro por la administración de los Estados Unidos, tenemos la oportunidad de recuperar nuestra libertad, nuestra democracia y de reconstruir política y económicamente a Venezuela. Debemos trabajar conjuntamente en dos frentes: reconstruir las instituciones, para garantizar seguridad jurídica y crear confianza, con el fin de atraer las grandes inversiones que necesitamos para resucitar el aparato económico destruido por el chavismo-madurismo.
Desde la perspectiva del derecho constitucional, la legitimidad del gobierno es primordial. Se debe contar con un gobierno legal y legítimo, con instituciones soberanas que representen realmente la voluntad popular y la comprometan. Por esa razón son necesarias unas elecciones generales lo más pronto posible. Tenemos la preparación política, existen las condiciones para esas elecciones generales y en Vente Venezuela tenemos listo el plan de gobierno «Venezuela Tierra de Gracia».
De acuerdo con esa hoja de ruta, en la resiliencia de nuestra gente y en la riqueza de nuestros recursos naturales, Venezuela se levantará para renacer de sus cenizas como el ave fénix, convirtiéndose en una nación del primer mundo.
Juan Marcos Colmenares
