Es una carta de seis páginas, firmada por Nicolás Maduro, pero que pareciera un publirreportaje pagado de la Venezuela que no existe. «Hoy nuestra nación vive en paz, con estabilidad institucional, crecimiento económico sostenido y una firme vocación de diálogo y entendimiento entre los pueblos, pese a haber sido sometida durante años a medidas coercitivas unilaterales y presiones externas», asegura el «presidente pueblo» en la misiva dirigida a los mandatarios de América Latina y del Caribe, en la que mezcla su falso victimismo con las claves principales de su estrategia internacional para atornillarse en el poder pese al despliegue naval estadounidense y jaque petrolero diseñado por Washington.
Como parte de la misma ofensiva contra la «piratería internacional» de EEUU se llevó a cabo ayer un consejo extraordinario, a petición de Maduro, del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, precedido del paso adelante de los tres grandes aliados globales del chavismo: Rusia, Irán y China. Serguéi Riabkov, viceministro ruso de Exteriores, insistió ayer que su gobierno ha mostrado a Washington su preocupación ante la escalada del conflicto, tras negar que estén evacuando a su personal diplomático de Caracas.
«El mundo debe saber que la amenaza no es Venezuela, es EEUU. Venezuela sólo es el primer objetivo de un plan mayor para dividir y dominar a América Latina», predicó el embajador chavista, Samuel Moncada, en el Consejo de Seguridad. Rusia aprovechó el debate y respaldó a Caracas, su gran aliado en las Américas.
EEUU, en cambio, no se achantó y aprovechó para adelantar que llegarán más sanciones y más fuertes «para privar a Maduro de los recursos que utiliza para financiar el Cártel (narco) de los Soles», precisó el embajador Mike Waltz, quien además aseguró que los petroleros de la flota fantasma que EEUU persigue en el Caribe «son el principal salvavidas de Maduro y su régimen totalitario».
Varios de los participantes en esta reunión extraordinaria atacaron duramente a Caracas, como Argentina, que volvió a mostrar su apoyo a la máxima presión para sacar el ilegítimo Maduro del poder. Varios países europeos, como Francia, Reino Unido, Eslovenia y Dinamarca, criticaron las violaciones chavistas de los derechos humanos y reclamaron una vía de diálogo para salir del conflicto.
No sólo Rusia, también China e Irán han irrumpido con fuerza en la crisis del Caribe tras la incautación de dos petroleros, uno con destino a Cuba y otro al propio país asiático. China es el principal cliente del petróleo venezolano, aunque parte de los pagos se realizan para condonar la deuda entre los dos países, que se acercaba a los 60.000 millones de dólares.
«EEUU viola flagrantemente el Derecho Internacional en el Caribe, con el aumento de presión contra un gobierno independiente, con el objetivo de intervenir y cambiar la soberanía de ese país. La República Islámica responderá de manera adecuada ante cualquier agresión o ataque contra sus intereses», advirtió Esmail Baghai, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán.
De esta forma, Maduro ha regresado a la ONU cuando hace semanas se quejó de que no servía para nada. Además, en 2024, a raíz del encarcelamiento de la hispanovenezolana Rocío San Miguel, figura emblemática de la sociedad civil venezolana, el chavismo expulsó a la oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas, a la que más tarde permitió volver y a la que más tarde amenazó de nuevo.
La ong Transparencia Venezuela, uno de los bastiones en la investigación de la corrupción revolucionaria, identificó en las últimas horas a 10 buques que están cargando o esperando cargar en puertos venezolanos. «El negocio del petróleo es tan atractivo económicamente que mucha gente está dispuesta a correr riesgos», afirmó Mercedes de Freitas, al frente de Transparencia Venezuela.
«Otra cosa que identificamos es que esos barcos entran y salen con petróleo y algunos van a China. Nosotros hacemos seguimiento a la aduana de China y no aparece que hayan recibido petróleo venezolano», desveló Freitas.
En cambio, quien no ha dejado de fletar sus barcos entre Venezuela y EEUU es la multinacional Chevron, que según Reuters ha exportado siete cargamentos de petróleo, cada uno con entre 300.000 y 500.000 barriles, en lo que va de mes. El último buque cisterna, enviado el pasado domingo con destino al Golfo de México, contó con la supervisión de la vicepresidenta Delcy Rodríguez. Chevron puede operar en el país criollo gracias a las licencias concedidas primero por Joe Biden y después por el propio Trump.
