Al menos 20 familias de la parroquia Carayaca, en las calles Bolívar y Real, permanecen a la intemperie tras los severos daños que dejó el terremoto de la semana pasada.
Entre los más afectados se encuentran adultos mayores y niños, quienes describen la experiencia como una escena de devastación total.
“Es como si hubiese sido una bomba atómica, pensábamos que todo se venía abajo. Estoy bajo efectos de calmantes porque viví una crisis terrible de nervios”, relató una vecina.
El edificio de Residencias Faria, ubicado en la calle Recreo con calle Nueva, presenta daños estructurales que mantienen en alerta a sus habitantes.
Ante la emergencia, un grupo de residentes acudió al jefe civil en busca de apoyo, pero aseguran haber recibido una respuesta marcada por discriminación política. “Nos dijo que no éramos del partido de gobierno, que fuéramos a pedirle ayuda a María Corina y a un ex preso político que se llama Gabriel. Esa no puede ser la respuesta de una autoridad sabiendo la magnitud de la tragedia. No han llegado ayudas”, denunciaron.
El temor crece con cada réplica. “Nos asusta que con una nueva réplica el edificio se desplome”, expresaron los afectados. Bomberos que viven en la parroquia recomendaron evacuar la estructura por seguridad, pero la comunidad enfrenta otro obstáculo: “Ni siquiera hay un refugio en la parroquia donde albergar a las familias”.
