Durante la madrugada del miércoles 29 de abril circularon reportes y videos en redes sociales sobre una caravana de vehículos pesados que habría trasladado material con señalización de radiación ionizante por la Autopista Regional del Centro, aunque hasta el momento no existe una confirmación oficial sobre el origen, destino o naturaleza exacta del material transportado, el episodio volvió a colocar en la conversación pública una parte poco conocida de la historia científica venezolana: el antiguo reactor nuclear RV-1 del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, IVIC. Reportes de prensa señalan que al menos un contenedor exhibía señalización de radiación ionizante y que no había, para el momento de la publicación, pronunciamiento oficial de las autoridades.
Omar Arias Curatolo, físico médico y especialista en protección radiológica, afirmó que el tema debe abordarse con seriedad pero no con miedo o alarmismo, donde la palabra nuclear suele generar angustia inmediata sin embargo no todo material nuclear o radiactivo implica una emergencia. “Hay que explicar, comunicar y contextualizar. El silencio institucional, en estos casos, puede hacer más daño que la propia operación técnica si esta se está realizando bajo protocolos adecuados”.
Arias enfatizó la necesidad de esperar un pronunciamiento oficial en las próximas horas para aclarar esta movilización, destacando como el antiguo RV-1 no fue una instalación cualquiera. Sino marcó la entrada de Venezuela en la era nuclear. “Su historia se remonta al programa Átomos para la Paz, impulsado en la década de 1950, y a la visión científica del doctor Humberto Fernández-Morán. El reactor venezolano alcanzó criticidad el 12 de julio de 1960 y fue concebido como un reactor de investigación, no como una central nuclear para producir electricidad. Era un reactor tipo piscina, moderado y refrigerado con agua, diseñado para operar a 3 megavatios térmicos. Su combustible era uranio enriquecido aproximadamente al 20 % en U-235, incorporado en elementos combustibles de aleación uranio-aluminio, con una carga de núcleo cercana a 5,5 kilogramos de U-235”, aclaró.
El profesor de la UCV narró que Venezuela no tenía una planta nuclear de potencia, era un reactor de investigación usado para generar neutrones, producir radioisótopos, hacer análisis por activación neutrónica, radiografía con neutrones, estudios de materiales y formación de personal. “Desde el punto de vista científico, fue una infraestructura extraordinaria para el país, el RV-1 dejó de funcionar en 1991. De acuerdo con documentos técnicos del Organismo Internacional de Energía Atómica, operó entre 1961 y 1991, y la decisión de cierre permanente se tomó en 1997”.
Detalló como en su vida útil, el inventario total del reactor alcanzó 76 elementos combustibles tipo MTR, con enriquecimiento alrededor de 19,9 %, de ellos, 56 fueron enviados a Estados Unidos en dos operaciones, una en 1998 y otra en 1999 quedando 20 elementos combustibles de origen británico, con bajo nivel de quemado, almacenados en la instalación a la espera de una disposición final. “Ese dato permite entender por qué, décadas después del cierre del reactor, todavía puede hablarse de material nuclear asociado al RV-1”,
“Que un reactor haya dejado de operar no significa que toda su historia técnica haya terminado ese mismo día. El combustible nuclear usado o parcialmente usado puede permanecer almacenado por años bajo condiciones controladas, hasta que se concrete una estrategia de disposición, retorno o gestión final. Si lo que se está trasladando ahora tuviera relación con ese inventario remanente, estaríamos hablando de una operación altamente regulada, no de un accidente” reveló el director de Serofca.
El especialista en protección radiológica señaló que tras su cierre como reactor de investigación la infraestructura del RV-1 fue transformada para otro uso pacífico, la Planta de Esterilización por Rayos Gamma, conocida como PEGAMMA. “El IVIC recibió autorización en septiembre de 2004 para operar una planta industrial de irradiación gamma con capacidad de 1 megacurie, desde entonces la instalación se ha asociado a la esterilización y reducción de carga microbiana en productos médicos, médico-quirúrgicos, farmacéuticos, cosméticos, especias, té, productos naturales y algunos alimentos, usando fuentes selladas de Cobalto-60, no el reactor nuclear en operación”.
Destacó que un análisis desde el punto técnico es esencial, aclarando como PEGAMMA no esteriliza a través de reactor ya que esté dejo de funcionar en 1991, la esterilización gamma se realiza mediante fuentes selladas de Cobalto-60 las cuales emiten radiación gamma de alta energía y permiten reducir microorganismos en productos debidamente empacados y controlados.
Símbolos de radiación debe entenderse auténticamente como peligro para la población
“La presencia de símbolos de radiación en un contenedor no significa automáticamente peligro para la población, esta es solo una advertencia regulatoria. Sirve para identificar que el material debe ser manejado por personal entrenado, con rutas, blindajes, documentos, mediciones y planes de emergencia. No es una señal de que la población esté siendo expuesta. Al contrario, la señalización es parte del sistema de seguridad”. De igual manera aseguró que: “todo lo que vimos en las imágenes como convoy con camiones, escoltas, señalizaciones, movilización en horas de la madrugada; todo eso indica un nivel de preparación técnica y apego a los protocolos de seguridad más elaborados para este tipo de procedimientos, lo cual apunta a una movilización muy bien planificada y ejecutada por profesionales de alto nivel”, desmenuzó el científico venezolano.
Arias advirtió sin embargo que la tranquilidad pública no puede depender de rumores, en protección radiológica, la confianza se construye con información. “La autoridad competente debe decir qué se transporta, bajo qué marco regulatorio, si se trata de combustible nuclear gastado, fuentes selladas, material radiactivo de uso industrial o equipos contaminados, cuál es el objetivo del traslado y cuáles medidas de seguridad se implementaron. No se trata de revelar datos sensibles de seguridad física, sino de ofrecer una comunicación pública suficiente para evitar zozobra”, reflexionó.
Explicó cómo el Organismo Internacional de Energía Atómica ha señalado que la gestión final del combustible de reactores de investigación no es solo un asunto técnico: involucra seguridad física, no proliferación, ambiente y coordinación internacional. “También ha documentado programas de retorno de combustible gastado al país de origen como una práctica usada por numerosos países para reducir inventarios sensibles y cerrar ciclos pendientes de instalaciones de investigación”.
Declaró que si esta operación corresponde al retiro definitivo de combustible remanente del antiguo RV-1, podría ser una buena noticia desde el punto de vista de seguridad radiológica y nuclear. “Significaría cerrar una etapa histórica de almacenamiento prolongado, pero para que la sociedad lo entienda así, hay que explicarlo. La comunicación no puede llegar después del miedo; debe llegar antes o, al menos, inmediatamente después de que las imágenes comienzan a circular”, sostuvo.
Una oportunidad para educar al país
Para el físico médico venezolano este episodio también es una oportunidad para educar al país sobre un uso pacífico de la energía nuclear, “Venezuela tiene una historia nuclear científica seria, el RV-1 formó profesionales, permitió investigación, impulsó servicios de dosimetría, calibración, física médica y aplicaciones industriales. Esa historia no debe contarse desde el miedo, sino desde el conocimiento”.
El profesor de la facultad de medicina de la UCV, recalcó que no hay que entrar en pánico pero tampoco se deben dejar vacíos de información. “Cuando se moviliza material nuclear o radiactivo, la población merece una explicación técnica, clara y oportuna, la protección radiológica no solo consiste en blindajes, dosímetros y protocolos; también consiste en comunicar bien para proteger la confianza pública y esperamos que en las próximas horas surjan los comunicados oficiales correspondientes”, acentuó.
“Este trabajo está diseñado para ayudar a Venezuela a fortalecer su seguridad radiológica y nuclear, cumpliendo los protocolos internacionales para el manejo de este tipo de materiales. Con el acompañamiento del OIEA y del personal especializado local, se ha debido realizar una labor rigurosa, detallada y cuidadosamente planificada. Muy probablemente, en el futuro veremos sus conclusiones reflejadas en documentos técnicos o científicos del organismo y de las autoridades competentes, y esperamos tener información oficial en las próximas horas”, concluyó.
Video : https://www.instagram.com/p/DXuWCuICcgH/
