Ante los altos costos de los productos escolares, el «modo reutilización» gana terreno en los hogares altomirandinos, donde el trueque de uniformes en buen estado, el intercambio de textos de estudio y la restauración de morrales viejos se imponen como la estrategia predilecta para completar la lista sin descuadrar el presupuesto.
El fenómeno ha migrado de las conversaciones informales entre vecinos a los grupos de Whatsapp, impulsando que zapateros y costureras locales reporten un repunte en la demanda de sus servicios para tomar ruedos a pantalones heredados, cambiar cierres a bolsos de años anteriores o reforzar el calzado que aún resiste otro periodo académico, dándole una segunda vida a prendas que antes solían reemplazarse de inmediato.
«Mi hijo mayor pasó a primer año y la menor a cuarto grado; comprar todo nuevo para los dos era simplemente imposible», relató Mariela Benítez, vecina de Los Teques.
«Nos organizamos entre varias mamás del edificio para intercambiar las camisas y los pantalones que les quedaron pequeños pero están impecables. Los libros de texto los conseguí cambiándole a una vecina los del grado anterior. Entre el arreglo de los morrales con la costurera y el trueque de uniformes, logré resolver más de la mitad de la lista sin gastar al punto de descuadrar otros compromisos, como el condominio o los servicios».
Esta cultura de consumo consciente no solo representa un salvavidas financiero frente a los precios del mercado regular, sino que ha fortalecido la solidaridad entre los representantes. /JR
