Mientras miles de familias mirandinas buscan alternativas para enfrentar la escasez de agua potable, hay un grupo especialmente vulnerable que vive esta situación con mayores dificultades: los adultos mayores que residen solos y deben ingeniárselas para obtener un recurso indispensable para su salud y su supervivencia.
En sectores de Los Teques como El Trigo, donde los ciclos de distribución pueden extenderse hasta 21 días, muchos ancianos ya no tienen la fuerza para cargar tobos, trasladar envases pesados o caminar largas distancias hasta los puntos donde eventualmente llega el servicio.
La misma realidad se repite en zonas de Carrizal y Los Salias, donde algunos dependen de la solidaridad de vecinos o familiares, mientras otros esperan durante horas la llegada de un camión cisterna con la esperanza de recibir algunos litros para cocinar, bañarse y mantener la higiene básica en sus viviendas.
Hilda Melo, de 76 años, asegura que cada día se convierte en un reto. “Antes podía resolver sola, pero ahora cargar un tobo de agua me deja con dolores en la espalda y las piernas durante varios días. Muchas veces tengo que esperar que algún vecino me ayude porque simplemente no puedo hacerlo”.
Una situación similar enfrenta Ernesto Brito, de 80 años, quien vive solo en San Antonio de los Altos desde que sus hijos migraron. “Uno llega a una edad en la que hasta subir unas escaleras cuesta. Imagínese cargar agua. Hay días en que debo escoger entre usarla para cocinar o para bañarme”.
Aunque en la mayoría de los sectores de los Altos Mirandinos el servicio llega una vez a la semana, para un adulto mayor que vive solo en un edificio, pasar días sin agua por tubería se convierte en un verdadero calvario.
