Cuando se habla de la necesidad de convivencia y diálogo, creo firmemente que se están forzando los límites, porque el chavismo, como una de las partes del acuerdo, es solo una ficción; repito, una imagen desprendida de una permanencia arbitraria en el poder de una secta, cuyo fin primordial era robar al país.
Esta aseveración tiene una base firme respaldada por los distintos procesos electorales en los cuales la ciudadanía estuvo presente o ausente, votó o se abstuvo de participar.
Repito hasta el cansancio que los resultados electorales del 28J fueron una representación de la posición de los sectores populares, aquellos a quienes se les destruyó el salario, los expropiados, desempleados por el cierre de las empresas y de los trabajadores informales, hoy con el salario más bajo de Latinoamérica (3 $) por debajo de países como Haití, por mucho tiempo visto como el más pobre. Sectores populares curiosamente y falsamente representados o calificados como “fuerzas chavistas”.
Esta aseveración tiene unas bases firmes. Sabemos que la diáspora venezolana estuvo mucho tiempo y en principio alimentada por la clase media, fundamentalmente profesional. Solo en los últimos años los sectores más pobres iniciaron esas grandes caminatas en búsqueda de trabajo, llegar a sitios donde se les permitiera trabajar, alguna ciudad colombiana, ecuatoriana o peruana. Esto fue consecuencia del profundo desencanto que tenían estos grupos sobre las promesas de Chávez cuando juró y prometió acabar con la pobreza, que todos tendrían pan en la mesa, viviendas, buena educación y salud inmejorable. Una esperanza que duró más de lo necesario.
Durante los primeros años de Chávez en el poder estas promesas se mantuvieron porque el precio del petróleo era muy alto (cerca de 100 $ y más), Pdvsa estaba viva y los dólares sobraban. Esto hizo que el régimen se ocupara de los más pobres, repartiendo comida gratis, neveras, lavadoras, sin necesidad de buscar trabajo porque eso sí escaseaba. Pero la realidad es cruel y dura, el derroche gubernamental y la corrupción sin límites hizo que esos beneficios gratuitos se envilecieran, disminuyeran. La gente más pobre comenzó a morder el polvo, algunos empezaron a pensar en huir, emulando como ya lo habían hecho grandes contingentes de la clase media, en su mayoría profesionales ya instalados en sus primeros tiempos de errancia. Muchos países como Chile, Estados Unidos, algunos países europeos, España e Italia vieron llegar estos nuevos migrantes. Clase medias, con sus títulos profesionales bajo el brazo y/o destrezas laborales comprobadas. Este primer contingente, en su mayoría, fue integrado con muy buena acogida por los países receptores.
Chile y España recibieron miles de médicos e ingenieros egresados de nuestras mejores universidades Universidad Central de Venezuela, Universidad de Carabobo, Universidad Lisandro Alvarado en el estado Lara. Pero esto solo fue el principio, luego dejaron las masas de salir en avión y comenzaron las caminatas de los sectores más pobres a partir de 2015, 2017 y 2018, coincidiendo con los momentos más agudos de la crisis política, económica como aceleradores de la migración masiva.
Por primera vez en nuestra historia, estas caminatas se convirtieron en un hecho histórico, grandes contingentes de migrantes pobres, avanzaban hacia Colombia y de allí en adelante. Eran gente en su mayoría en edad económicamente activa, jefes de familias, obligados a dejarlas atrás, trabajadores en busca de oportunidades para sobrevivir y salvar a sus grupos familiares. El caso de Chile fue emblemático en el inicio de la Diáspora. Este país incorporó a miles de jóvenes médicos graduados con máximas calificaciones, eran los primeros en casi todos los concursos. El primer contingente de emigrantes venezolanos fue una especie de regalo de Venezuela para los países receptores. En Venezuela solo quedaron pequeños grupos de la clase media y gran parte de los sectores populares víctimas del deterioro social y del fracaso de la revolución del siglo XXI.
Posteriormente, cuando la migración comenzó a ser de gente pobre, hambrienta y sin capacitación, empezaron a aparecer noticias sobre la vinculación a la delincuencia de muchos de estos pobres, sin preparación, “toeros” en su mayoría, situación que se unió al auge de una población delictiva, pobres, sin esperanzas, expuestos al manifiesto rechazo de los países receptores.
En resumen, puede afirmarse; con base a la intuición sociológica, que en su primera fase la Diáspora fue fundamentalmente de la clase media, profesionales en diversas áreas del conocimiento que fueron acogidos con beneplácito por los países destino, llegaron en avión a los aeropuertos y bajaron a buscar trabajos con currículum bajo el brazo.
Esta primera etapa de la diáspora fue realizada por esta gente con capacitación, recursos y estrategia para incorporase a los mercados de trabajo en los países de acogida. No existen cifras exactas, pero diversas conjeturas hablan de unos tres o cuatro millones de personas de la clase media, en su mayoría profesionales en distintos niveles. El impacto en el país fue el desinflamiento de la clase media, sin obviar que en una alta proporción estos nuevos migrantes lograron instalarse con éxito tanto en Estados Unidos como en Europa. La clase media, que permaneció en Venezuela se redujo a un estimado de entre 3 % y 5 % de la población para 2020.
Posteriormente, ante las dificultades crecientes, los migrantes más pobres comenzaron la verdadera Diáspora, la de quienes abordaron su proceso de instalación en ambientes más agresivos, con poca receptividad de los gobiernos de turno en los países de acogida.
A partir de estas conjeturas, podemos entender la crisis venezolana caracterizada por la deserción masiva de la clase media en una primera etapa de la Diáspora y la posterior etapa masiva de migración de sectores populares empobrecidos. “Más del 27 % de la población total ha emigrado en la última década: cerca del 80 % de los migrantes se encuentran en países de América Latina y el Caribe. Colombia alberga a más de 2.8 millones, seguido de Perú y Chile”.
La clase media que inicio la migración tenía la seguridad que podrían incorporarse con éxito en países estables y ricos. Esta situación fue muy distinta para los contingentes de gente pobre que caminó después sin descanso hasta encontrar un llegadero, no importaba en cuales condiciones, siempre que se pudieran incorporar al mercado de trabajo, una solución que siempre sería superior a esperar una bolsa Clap y una pensión de 3 $. Los que pudieron emplearse comenzaron a enviar remesas para el sostenimiento de la familia que quedaba atrás.
La realidad es que Venezuela perdió una porción muy alta de la clase media, creemos que fue más del 60 % del sector medio, un contingente que representaba el mejor logro de nuestro sistema educativo y de formación profesional.
El problema se manifestó posteriormente con nuestros pobres migrantes en América Latina, porque iban a competir con otros pobres, pero nativos con derechos, situación que se vincula a las muestras de rechazo y violencia, particularmente en Colombia, Chile y Perú. Grandes contingentes migraron como parte de esta segunda oleada que en Venezuela dejaba a sus grupos familiares al cuidado de sus mayores y una gran proporción infantil, de adolescentes, estudiantes, etcétera.
La diáspora se llevó una porción de los sectores populares, pero en Venezuela quedó buena parte de estos grupos familiares, sobreviviendo con las remesas, los escasos empleos que existían, las bolsas Clap y los bonos del gobierno. Era la conformación de los sectores populares que quedaban en el país y que luego tendrían una participación activa en los eventos electorales que se iniciaran con las elecciones primarias que dieron el triunfo a María Corina. Es harto conocido que en los últimos 10 años, en Venezuela se han realizado varios eventos electorales, entre ellos el 28J que le dio un rotundo triunfo a Edmundo González Urrutia. En todos ellos no se han mostrado pruebas de resultados y las fuerzas electorales chavistas populares han prácticamente desaparecido. El voto a favor de Maduro tiene un componente fácilmente comprobable de presión, obligación para conservar los miserables privilegios que ha otorgado el régimen. Las preguntas que surgen indetenibles son: ¿quién votó para darle ese triunfo a Edmundo González Urrutia? ¿Por qué las supuestas masas chavistas no aparecieron, a pesar de la compulsión y amenazas del régimen?
Cualquier análisis sobre los resultados electorales del 28J muestra que esas masas chavistas no votaron, simplemente porque no existen. El Chavismo se convirtió en una ficción de poder, el supuesto apoyo popular al siglo XXI se esfumó, la realidad lo destruyó. He repetido en todos los escenarios abiertos que el triunfo de Edmundo Gonzáles y María Corina fue resultado de la participación de los sectores populares mayoritarios en este momento del país, frente a un chavismo-madurismo vacío, sin fuerzas en los sectores populares y sin otros recursos que ejercer que la violencia y el chantaje para obtener los escasos votos que lograron el 28J. Este ha sido un evento único quizás en el mundo, porque siempre los últimos en cambiar son los sectores populares más pobres, tal vez por temor a represalias o por el impacto de coacción ejercido contra ellos por regímenes autoritarios.
Es imprescindible reconocer que en Venezuela ocurrió algo extraordinario. En cada uno de los últimos eventos electorales se produjo un voto mayoritario favorable de la gente más pobre a las propuestas opositoras y en otros casos una clara abstención frente a las ofertas gubernamentales.
La pregunta que es necesario reconocer es ¿quién votaba en estas ocasiones y por qué? Y lo contrario ¿por qué no votaban en otras? Lo más relevante de estos procesos electorales es ¿por qué se impuso la abstención y el contraste con el voto mayoritario el 28J?
Indudablemente, tanto el voto y la abstención provenía de los sectores populares, desencantados de las promesas del gobierno. Esta es la fuerza que animó esos procesos. Si la clase media mayoritariamente había conformado la diáspora en sus primeros años, quienes posteriormente votaron internamente fueron los más pobres que habían permanecido en Venezuela. Los resultados de las elecciones mostraban una verdad insuperable, estos sectores en su gran mayoría votaron contra las directrices del gobierno. Si en un primer tiempo apoyaron al gobierno y sus donativos, en los últimos encuentros electorales les dieron la espalda sin contemplaciones. Eligieron a María Corina como candidata en las primarias, votaron con un aplastante 70 % a menos del 30 % en las recientes elecciones presidenciales. Luego se celebraron elecciones regionales, locales y legislativas sin garantías ni participación, tras la violación masiva del derecho a la participación política de la población venezolana el 28 de julio de 2024 y sin haber adoptado ninguna recomendación hecha por las misiones internacionales de observación electoral en el pasado.
Desde la elección presidencial, el sitio web del órgano rector del poder electoral sigue deshabilitado, demostrando la opacidad de los subsiguientes procesos electorales que han transcurrido. Expertos electorales concuerdan en que el CNE “no ofreció información pública verificable de los distintos pasos que estaba desarrollando dentro del cronograma”.
Si estos son resultados de la participación electoral de quienes se quedaron en el país, mayoritariamente del sector popular, la pregunta que surge de inmediato es ¿dónde están esas aludidas fuerzas populares chavistas con la cual hay que conciliar para seguir adelante? Cada proceso electoral ocurrido después de las elecciones primarias muestra claramente que el “pueblo chavista” se desvaneció, dejo de existir y de confiar en promesas que en ninguna parte del mundo han tenido éxito, verbigracia el derrumbe de la Unión Soviética y la tragedia cubana en nuestras narices. Si la clase media virtualmente desapareció, quienes han dado el triunfo a la oposición solo pueden haber sido los más pobres, aquellos que se quedaron en el país.
Esta larga reláfica nos permite preguntarnos ¿cuándo se habla de conciliación entre el gobierno y la oposición, de qué se está hablando? Solo podría ser un acuerdo, diálogo de las fuerzas democráticas con los restos moribundos del chavismo que no representan siquiera el 10 % de la población.
¿El diálogo es con quién? Con los dirigentes que han expoliado a los trabajadores y a las familias, con aquellos que mantenían a cientos de venezolanos en cautiverio por oponerse a sus amenazas, seudodirigentes sin ninguna base de apoyo social.
La verdad y conclusión es que el chavismo de sectores populares en Venezuela no existe, solo son colectivos violentos y sectores del funcionariado de un Estado que ha crecido de forma explosiva y acepta el chantaje de empleo por voto y bonos; se desempeñan como agentes del chavismo: repartidores de bolsas Clap, acceso a bombonas de gas, etcétera.
No hay masas populares que voten por soluciones chavistas solo por mantener la bolsa CLAP y el bono de guerra, saben que esas son falsas y engañosas soluciones, ya lo han comprobado hasta la saciedad. El chavismo de masas desapareció por la frustración y las mentiras. Es imprescindible proclamar que no existe pueblo chavista como manifestación popular, porque han sido engañados y estafados con la solicitud de votos a cambio de bolsas Clap, eso ya lo saben todos. La propuesta de Amnistía solo sirve como uso práctico para abrir las rejas de las prisiones, pero no tiene ningún valor moral porque es dictada por los carceleros, por la escuálida minoría en el poder y por la falsa Asamblea. Es indignante que los “excarcelados sean sometidos a medida de encierro-silencio y que se les humille colocando tobilleras eléctricas en sus extremidades.
Es imprescindible reconocer que las fuerzas Armadas en cada evento electoral han dado la espalda a las ofertas de Maduro. Es comprobable que, en los sitios de concentración de policías y militares, el chavismo ha perdido las elecciones igual que en el resto del país. Además, ellos estaban presentes cuando se comunicaban los resultados electorales el 28J, apostados en las puertas de los centros de votación. Saben lo que ocurrió.
Como analista sociológico puedo afirmar que no puede haber diálogo ni unidad con una parte del pueblo que realmente no existe. El chavismo como fuerza social popular ha desaparecido. Es necesario definir el rumbo, elecciones y cambio lo más pronto posible, puede ser y será en paz, es los que esperan los más pobres en los campos y en las zonas marginales de nuestras ciudades, verdadero sostén de la esperanza de comenzar una nueva etapa de libertad, prosperidad y respeto. Gracias a nuestra gente en los barrios urbanos, en los caseríos rurales que votaron valientemente por la libertad y dieron la espalda a la ficción chavista…
“No recuerdo otro país que haya perdido el 75 % de su PIB, que le haya quitado 14 ceros a su moneda, que haya padecido por años la mayor HIPERINFLACIÓN del mundo y uno de cada cuatro de sus habitantes haya tenido que migrar y que siga de pie», Jesús Cacique.
Por Isabel Pereira Pizani
