Las 10 horas del viaje de regreso de María Corina Machado, desde el santuario de Barquisimeto a Caracas con miles de venezolanos desparramados por toda la autopista, constataron que el nuevo desafío de la líder democrática contra el chavismo es una gran carrera de fondo. Otra etapa más para alguien que fue elegida por el pueblo venezolano para liderar este movimiento de liberación nacional por no haber cedido nunca un ápice en su lucha. «Nada nos va a detener», subrayó la Nobel de la Paz en una de sus paradas, pese a que había decidido no hablar, al menos de momento. La euforia de la gente estaba hablando por ella.
Quien no pudo detenerla por órdenes de EEUU fue precisamente el aparato represivo de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, quien ayer aprovechó una intervención frente a la prensa gubernamental para volver a acusar a Machado de exigir sanciones contra la revolución y de carecer de experiencia para participar en una negociación política.
«Este país es mucho más grande que cualquier persona, este país requiere una nueva espiritualidad», divagó la ex vicepresidenta del dictador Nicolás Maduro antes de asegurar que ella sí había sido una perseguida política, pese a que no exista ningún documento al respecto. Delcy calificó como un show el regreso de María Corina por la frontera porque asegura que pudo hacerlo por el aeropuerto de Maiquetía. Muy comedido estuvo el ministro Diosdado Cabello, jefe de la represión, quien aprovechó sus declaraciones para comparar a la líder opositora con un fantasma «porque cuando se acerca a nosotros desaparece, porque somos la luz».
El equipo más cercano a la líder democrática trasladó ayer a la opinión pública que María Corina está dispuesta a reunirse con Delcy, algo que ya había dejado claro durante su estancia en Panamá. También lo hará de inmediato con la Plataforma Unitaria de partidos que la apoyan y con otros movimientos sociales en busca del tan ansiado Acuerdo Nacional, imprescindible para los nuevos tiempos.
Más allá de las rabietas presidenciales, los grandes momentos de la Historia de las Américas están esculpidos a base de épica y la odisea de la libertad en Venezuela va sobrada de ella. Machado fracasó en siete intentos para volver a su país, pero no cedió pese a quienes presionaban para que no enfadara a la Casa Blanca, encantada con sus supuestos logros en el país petrolero.
A la primera versión de The Wall Street Journal se han sumado distintas fuentes dentro y fuera de Venezuela para concluir que la dirigente opositora viajó el jueves por mar desde Panamá hasta Colombia y que desde allí contó con la ayuda del Gobierno de Abelardo de la Espriella para desplazarse por tierra hasta la frontera con su país. Se cree que el grupo de la opositora eligió Norte de Santander (y no la Guajira) para que Machado cruzara al otro lado y que desde Táchira, uno de los bastiones de la oposición, viajara hasta Barquisimeto, la misma ruta que siguieron millones de emigrantes venezolanos.
La protección del Departamento de Estado fue a posteriori, pero determinante para que el chavismo no actuara cuando ya la líder democrática se encontraba en territorio nacional. EEUU no puso la logística, pero sí exigió al Palacio de Miraflores que no tomara represalias contra María Corina, a la que considera intocable.
Distintas fuentes chavistas han confirmado el cruce de frontera, incluso insinuando que Machado se habría aprovechado de las mismas relaciones peligrosas que permitieron a Juan Guaidó en 2019 llegar al concierto internacional de Cúcuta. Un relato aplastado por la dimensión del éxito político que se ha apuntado la líder de Vente Venezuela (VV), el partido creado a su imagen y semejanza que ayer se lanzó al asfalto para apoyar a Machado.
María Corina también prefirió guardar silencio sobre su nueva odisea, que guarda ciertos parecidos con aquella que el año pasado la trasladó hasta Oslo para recoger el Nobel, cuando contó con la ayuda de expertos ex militares estadounidenses que también aparecieron en esta ocasión. Bastaba con su presencia, sin la fuerza de sus palabras, para pulverizar el antiguo escenario (tan cómodo para la Casa Blanca y para el Palacio de Miraflores) y dar comienzo a una nueva etapa política.
El gran objetivo es presionar a la mesa del diálogo entre el chavismo reciclado y el grupo de opositores elegidos por el Departamento de Estado para que el plazo para la celebración de las elecciones presidenciales se reduzca desde cualquier momento del 2028 hasta el 28 de julio del año que viene, tercer aniversario de la histórica victoria del diplomático Edmundo González Urrutia sobre Nicolás Maduro.
Si algo ha demostrado el regreso pacífico de María Corina es que el relato de violencia y guerra civil sólo cabe en la mente de los líderes revolucionarios. Lo único que trasladó el pueblo venezolano en el recorrido histórico de Machado fue alegría y esperanza por toneladas tras el visto bueno final de Washington, aunque fuera a regañadientes.
«Después de la gran espera de los venezolanos, con la llegada de María Corina a Caracas ha comenzado lo que tantos esperaban, tanto dentro como fuera de Venezuela, que es la famosa fase 3 anunciada por los EEUU. Lo digo porque estas cosas no comienzan cuando se anuncian sino cuando se traducen en lo que hemos visto: el sentimiento de la mayoría de los venezolanos, ese deseo inmenso por una transición y unas elecciones libres, la posibilidad de elegir el destino del país y quién va a liderar ese destino. Si bien en EEUU, el chavismo en Venezuela y otros muchos interesados querían que la fase 2 se prolongara lo más posible con una estabilización de la economía y el desarrollo del sector energético este regreso, ahora en términos simbólicos y creo que muy pronto en términos prácticos, inevitablemente se va a constituir en el inicio de la fase 3 hacia una transición a través de unas elecciones realmente libres», determinó para EL MUNDO el analista político Miguel Velarde.
Un paso definitivo para la transición democrática que necesita de otros hechos fundamentales más allá de las elecciones. El primero es la libertad de todos los presos políticos, porque en las mazmorras chavistas permanecen más de 300 prisioneros.
Mientras Machado guardaba silencio, su número 2 en VV, el ex prisionero político Henry Alviarez, embestía contra la mesa de negociación impuesta por Washington, a la que denominó taburete en un programa de radio.
«El principal desafío del retorno de Machado es convertir su poder de convocatoria en capacidad de negociación e incidencia política. Para ello será fundamental construir redes territoriales y espacios de deliberación y participación que incluyan a sectores más allá de VV. La adhesión popular y la organización autónoma de la sociedad, aunque pueden existir al mismo tiempo, no son necesariamente lo mismo», concluyó el sociólogo Rafael Uzcátegui, director del Laboratorio por la Paz.
