Con el costo de la Canasta Alimentaria Familiar (CAF) alzando vuelo (cotizándose en 645,67 $ para febrero), el sueldo mínimo se mantiene congelado, desde 2022, en 130 bolívares, lo que representa menos de 0,30 centavos de dólar.
La única esperanza del venezolano común es el reciente anuncio desde el ejecutivo nacional de realizar un aumento salarial «responsable» de cara al primero de mayo, información que lejos de alegrar, dejó más incertidumbre en la población.
»Soy docente y para nadie es un secreto que vivimos del sistema de bonificaciones que actualmente se ubica en 190$ mensuales. Aunque no es tan paupérrimo como mi quincena de 212 bolívares, la realidad es que sigue siendo insuficiente para vivir», refirió Antonio Alonso, profesor altomirandino con más de 20 años de experiencia en aulas.
-Queremos un salario que nos permita comprar alimentos de la marca que nos guste, que el pago del pasaje no nos pegue en el bolsillo, poder lidiar con los servicios básicos, salir a pasear los fines de semana, tener la reserva en la cuenta por si acaso y contar con nuestras prestaciones sociales (…) No es posible que uno cobre y 2 horas después no tenga nada en la cuenta, porque con la depreciación del bolivar, apenas cae la plata uno se va a comprar para no pagar los productos más caros.
El relato no es una exageración. Según datos ofrecidos por Oscar Meza, director del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), para febrero de 2026 la cesta se ubicó en 645,67 $ (251.809,75 bolívares), evidenciando que el déficit del salario mínimo es de 99,95%.
»Mi hijo está fuera del país desde hace 10 años y al fin pudo venir a visitarme. Cuando fue conmigo al supermercado se puso a llorar al ver para lo poco que alcanzan los 100$ que me deposita mensualmente (…) fue llanto de vergüenza porque genuinamente creía que, como jubilada y cobrando mi pensión, lo que me daba me alcanzaría para mantener la casa, pero la realidad es que todo se va en comida», confesó Mireya González, residente de Los Teques.
Tras más de 1.400 días sin aumentar el sueldo, los altomirandinos esperan que el aumento del salario «más que responsable, sea coherente con la realidad que estamos viviendo. No podemos aguantar una burla más», remató Gerardo Quiñones, quien este jueves 9 de abril se sumó a las movilizaciones de calle junto a los sindicatos educativos./JR
