No le hagas caso a Ochoa, María Corina, por @ArmandoMartini

Redaccion El Tequeno

En tiempos de la democracia, imperfecciones incluidas, todos tenían derecho a rumiar y decir lo que pensasen. Algunos acertados o errados, otros con disimulos y eufemismos, unos cuantos, con descaro adeco, menos con la petulancia copeyana, y la izquierda con la retorcida desvergüenza y siempre habitual mediocridad.

En su insignificancia fracasada, surgió cierta claridad que se movía en el lado extremo izquierdista de la democracia sin desbarrancarse en el extremismo de comunistas y guerrilleros. Lo fundó un hombre de trayectoria en la guerrilla con fiascos y equivocaciones que cambió el camino, y trató de establecer vía política que amparara a marxistas moderados que querían modificar, transformar sin derramamiento de sangre al mismo tiempo que a señoritos y señoritas cómodos, de buena educación, actualidad y estirpe, se sintieran de izquierda sin matar a nadie.

El exguerrillero inteligente que prendió la luz en una izquierda insípida, sin sabor ni esperanzas, se llamó Teodoro Petkoff, combatiente evolucionado a demócrata, que parió posibilidades a quienes creían que podía haber ñangaras que pudiesen ir a misa los domingos sin escandalizar.

Tras su prestigio y coraje, logró sobrevivir hasta que la democracia le abrió oportunidades, se alinearon hombres y mujeres de disímiles edades, circunstancias y ambiente, en especial, los que no sentían existencia cómoda y placentera en Acción Democrática ni Copei, tampoco en la AD rebelde del Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) para esfumarse lentamente, y menos en las expresiones más punzantes de la izquierda. Uno de esos, un joven con expectativas Enrique Ochoa Antich.

Mientras su hermano hacía carrera militar que culminaría en complicidad plagada de dudas y poco aclarada con los alzados de 1992; él lo hacía en el Movimiento al Socialismo MAS color naranja, sin relación, que se sepa, con el lejano partido de Evo Morales.

Con el andar del tiempo -Petkoff- hijo de inmigrantes judíos llegó a ser director del diario vespertino El Mundo, ministro del segundo gobierno de Rafael Caldera, y fundador del Diario Tal Cual, para morir después. No le alcanzó la vida para la vergüenza del chavismo castro-militar al cual hubiera tenido, por pundonor, que rechazar. Quizás no hubiese prosperado el patético desorden opositor de hoy, pero ésa es historia muerta.

Ochoa Antich el menor, ya hombre con edad suficiente para saber pensar, aunque no lo ejerza con adecuada pericia, como nunca lo ha hecho, le envía, con encono de celo envidioso, un mensaje a María Corina Machado para decirle -contradicciones suyas- que no comparte nada de lo que ella piensa, pero criticándola porque antes se oponía a cualquier diálogo y ahora no.

Envejecido y fracasado, se da el lujo con tupe democrático de burlarse de una mujer que ha tenido mucho más éxito que él, y encima demuestra, confesión de parte, que ni siquiera ha entendido el mensaje, el cual nunca ha planteado incendiar las calles. Tampoco comprende la historia de los últimos años venezolanos ni mucho menos a María Corina, que ha sostenido la firmeza de defender una posición y solo por eso acepta restringida contarse, no por ceder ante una oposición egoísta, dividida, codiciosa y derrotada por el castro-madurismo, sino por seguir planteando a los venezolanos su posición intelectual, ética, moral, de conducción firme y por un solo camino.

Quizás lo que irrita y escuece al otrora defensor de los Derechos Humanos, tarea olvidada en el ejercicio de la inmoral e interesada conchupancia, que no tuvo bolas ni valentía como cuando la diputada Machado entendió que el chavismo robaba, lo dijo en presencia, de frente, dando la cara ante un auditorio que asombrado y confuso trepidaba acobardado, a un todavía poderoso y carismático Hugo Chávez rodeado de serviles aduladores. Y que entiende como forma de concluir la vergüenza y el deshonor de la ignominia castrista es con intervención internacional humanitaria, también lo ha dicho.

Por eso la ciudadanía venezolana, la respeta y admira independiente de estar o no de acuerdo con su partido, es testigo activo y pleno de que es la líder que habla sin que le quede nada por dentro. Que no cambia votos por promesas vacías; no transige, porque es oposición sin ser parte de esa otra del va y viene, de la negociación eterna sin resultado y cohabitante. Del fracaso sempiterno que olvidan a la vuelta de la esquina como si sólo tuviésemos mala memoria.

Lo que cuenta es solidificar el conteo primario de legitimación del liderazgo minimizando los riesgos sabidos, la ciudadanía reclama y exige decidir por sí misma quién debe representarla ante la ferocidad castro-madurista, y María Corina no necesita poner la mano sobre una Biblia para que le crean, porque plantea al país caminar como se pueda hasta donde se pueda, pero siempre con la verdad por delante. Como la madre y auténtica mujer venezolana que es y ha sido siempre.

@ArmandoMartini

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