Han transcurrido poco más de 2 meses desde que el doblete sísmico alteró la cotidianidad en los Altos Mirandinos, donde, entre reportes de réplicas (como la registrada el jueves 27 de agosto) y evaluaciones continuas de riesgo, los vecinos intentan recuperar la normalidad.
Las estructuras más antiguas fueron las más afectadas en la subregión, incluyendo cinco templos parroquiales de la zona, como fue el caso de la iglesia de San Diego de los Altos, Paracotos, El Jarillo, San Pedro de los Altos y la ubicada en el municipio Carrizal.
En la capital mirandina, la preocupación no disminuye. «Aquí cada vez que pasa un camión pesado la gente sale a los balcones pensando que se nos viene la réplica otra vez. El jueves en la noche varios salimos corriendo con la réplica. Uno vive con los nervios de punta», comentó María Elena Rivas, vecina de la avenida Bolívar de Los Teques, donde varias fachadas comerciales aún lucen grietas visibles.
»Lo que más nos frena el sueño no son solo los temblores, sino ver cómo la lluvia empeora lo que ya resultó afectado. Entre el trauma del doblete sísmico, las réplicas y los aguaceros, estamos modo alerta», agregó la entrevistada.
En San Antonio de los Altos los residentes alertan sobre el desgaste de los taludes y la vulnerabilidad de las zonas residenciales. «El día del sismo sentimos que el cerro crujió; desde entonces estamos organizados por chat vecinal para monitorear el terreno y reportar cualquier irregularidad», relató Carlos Mendoza, habitante del sector El Picacho.
»Protección Civil vino, hizo la inspección preliminar, pero necesitamos que la evaluación pase del papel a la reparación concreta antes de que aprieten más las lluvias».
Mientras los servicios básicos operan con relativa regularidad, el cuerpo de bomberos y las autoridades de gestión de riesgo se mantienen desplegados monitoreando los puntos críticos, que con el paso de las ondas tropicales han aumentado./JR
