Activistas y agricultores del páramo venezolano realizan una práctica ancestral que combina la reforestación, conservación de suelos y protección de frailejones para captar neblina y lluvia, recargando acuíferos y garantizando el flujo de ríos.
El País de España conversó con los impulsores de esta iniciativa y mostró imágenes de los rituales ambientales que datan de la era prehispánica.
Ligia Parra, encargada de liderar las ‘siembras de agua’, camina hacia un nuevo humedal que descubrieron los agricultores en el páramo andino en Venezuela. Son ecosistemas que absorben el agua de lluvia para alimentar ríos y lagunas, regular el clima, combatir la sequía y preservar la biodiversidad a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.Andrea Hernández Briceño
Durante el ritual, el 28 de marzo, un grupo de agricultores, padres y niños se organiza en un círculo alrededor de la naciente de agua para iniciar la ceremonia de ‘siembra de agua’. Es una estrategia de conservación ambiental que protege el ecosistema andino para garantizar el suministro hidríco desde dos frentes: el ambiental y el comunitario-espiritual.Andrea Hernández Briceño
Los niños, sus padres y algunos agricultores observan mientras la sembradora de agua Ligia Parra vierte azúcar morena sobre la tierra durante la ceremonia; junto a Caroly Higuera.Andrea Hernández BriceñoLos cultivos en los páramos de Venezuela, principalmente en Mérida y Táchira, se especializan en hortalizas de clima frío como papa, zanahoria, ajo y fresas. Se encuentran en grandes altitudes.Andrea Hernández BriceñoLigia Parra tiene 24 años trabajando en el resguardo, cuidado y reforestación de los humedales, a la vez que rescata el saber ancestral de los indígenas de Venezuela. Andrea Hernández BriceñoEn la ceremonia, Parra y los niños ofrecen coco verde, sal marina y flores a la Madre Tierra. “Antes la siembra de agua se practicaba en secreto”, recuerda. Los andinos son una sociedad muy religiosa y rechazan cualquier actividad que se salga de los parámetros cristianos. “Mi nonna [abuela] me enseñó a hacerlo. Ella era de origen indígena misintajeo».Andrea Hernández BriceñoCamilo Peña toca la campanilla como parte de la ceremonia. La zona paramera de los Andes venezolanos era un sitio de cacería y de práctica de rituales mágico-místico de las poblaciones indígenas prehispánicas.Andrea Hernández BriceñoLa bióloga Raquel Romero cierra los ojos durante ‘la siembra de agua´. Ella también trabaja para proteger las microcuencas que abastecen a las comunidades locales. Explica que el ganado que se pastorea en el páramo pisa los humedales, compacta el suelo y afecta la diversidad de las plantas que captan la neblina para retener el agua.Andrea Hernández BriceñoLos rituales de ‘siembra de agua’ sirven para conectar a las comunidades con los humedales y proteger el ecosistema del páramo de la sequía, según sus participantes.Andrea Hernández BriceñoAntonella Ramírez arregla las flores en las coronas para las ofrendas de la ‘siembra de agua’ en Misintá, Venezuela.Andrea Hernández Briceño«Para nosotros los agricultores es aún más importante porque si tenemos suelo y semillas, pero no tenemos agua, no hay vida”, dice Néstor Monsalve. En la imagen, un niño carga una cesta con las coronas de flores, miel y sal marina que se utilizó.Andrea Hernández BriceñoLos niños de la comunidad son involucrados en el ritual con el fin de que aprendan del cuidado y respeto al medio ambiente.Andrea Hernández BriceñoLos campesinos se convierten en ‘guardianes’ del agua para fomentar la conciencia colectiva sobre el valor de los humedales. En la imagen, la sembradora de agua, Ligia Parra.Andrea Hernández BriceñoEl agricultor Jorge Luis Santiago se lava las manos para almorzar luego de participar en la ceremonia.Andrea Hernández BriceñoLa siembra de agua solo se celebran durante la luna de cuarto creciente.Andrea Hernández Briceño