Más allá del deterioro estructural de los planteles, agravado por los recientes eventos telúricos, la falta constante de suministro de agua potable y la inestabilidad del sistema eléctrico local amenazan con paralizar la rutina escolar en municipios como Guaicaipuro, Los Salias y Carrizal.
De acuerdo con las estimaciones de Cecodap y la Red por los Derechos Humanos de Niños, Niños y Adolescentes (Redhnna), 4 de cada 10 colegios (43 %) no cuentan con agua por tubería y más del 56 % adolece de conectividad o señal telefónica, falla sistémica que obliga a muchos planteles de Los Teques y zonas vecinas a depender de cisternas o a solicitar a los alumnos que lleven sus propias botellas desde casa, lo que pone en grave riesgo las condiciones mínimas de higiene en los baños y aumenta el peligro de contagio de enfermedades.
A esta crisis hídrica y eléctrica se suma el malestar del gremio docente, que continúa exigiendo salarios dignos, restitución de bonos y atención psicosocial tras la zozobra generada por las últimas emergencias.
Tanto educadores como familias afirman que el llamado al retorno presencial se realiza de forma apresurada y sin la publicación de informes técnicos de seguridad o planes de contingencia gubernamentales que garanticen que las instalaciones cuentan con los servicios indispensables para funcionar.
Ante esta situación, organizaciones de derechos de la infancia reiteran que la educación no solo exige un techo firme, sino también espacios salubres, iluminados y dignos para los niños y adolescentes. Mientras la semana que viene se marca en el calendario como el inicio del periodo escolar, en kos Altos Mirandinos vuelven a las aulas entre la incertidumbre de los apagones, la escasez de agua y el reclamo de soluciones urgentes antes de abrir las puertas de las escuelas./JR
