La enorme expectación suscitada por el anuncio de un inicio de diálogo entre el chavismo y la oposición en Venezuela quedó disminuida este sábado, cuando el acercamiento se limitó a una breve llamada telefónica entre Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y la opositora Dinorah Figuera. Es un paso muy pequeño todavía para un país conmocionado por una emergencia humanitaria, agravada por la tragedia de los terremotos que causaron más de 5.000 muertos, que necesita avanzar de una vez hacia un futuro democrático con pluralidad política real y elecciones libres. Ambas partes se comprometieron a una próxima reunión presencial.
Este acercamiento se da bajo las reglas trazadas desde Estados Unidos, que en la práctica mantiene el control del país tras la intervención militar del 3 de enero en la que capturó al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, ahora en prisión en Nueva York a la espera de juicio. El Departamento de Estado es el árbitro declarado de las instituciones venezolanas, y es el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien lleva la batuta del proceso.
Los objetivos de ese proceso no están claros. El presidente Donald Trump ha prometido restaurar la democracia venezolana a la vez que juega en redes sociales con la idea de la anexión total del país como el Estado 51º de la Unión. El Gobierno de Trump, sin embargo, no puede pretender condicionar también el voto de los venezolanos ni imponer a los actores de un diálogo tan esperado por la población, dejando fuera a los sectores opositores con mayor apoyo, como el liderado por María Corina Machado. La opositora que lideró la derrota electoral del chavismo mantiene un perfil discreto y ha dicho que no será un obstáculo.
Venezuela necesita con urgencia acudir a las urnas, pero con reglas del juego claras que incluyan un Consejo Nacional Electoral independiente, la restitución plena de los partidos, la liberación de todos los presos políticos, el regreso en condiciones de seguridad de los líderes en el exilio y la presencia de observadores internacionales. La agenda prioritaria de cualquier mesa de negociación debe estar dirigida a aproximar las fechas de un calendario electoral claro, y eso es lo que no está aún sobre la mesa. El chavismo debe demostrar verdadero interés en una negociación, más allá de una llamada telefónica.
Los ciudadanos venezolanos han pagado un precio muy alto por la falta de democracia en su país: el éxodo de millones de personas, el colapso de la economía, una dolorosa crisis humanitaria y, finalmente, la merma de su soberanía. El futuro de Venezuela no puede ser la tutela de Estados Unidos. Solo unas elecciones limpias y con todos los sectores de la oposición devolverán la legitimidad a las instituciones y permitirán iniciar la verdadera reconstrucción del país. El tímido deshielo de este sábado solo se puede valorar en positivo si es el primer paso de ese proceso.
