La propuesta de ley de amnistía llega como una última instancia, no porque a nadie se le haya ocurrido antes, sino porque ya fracasó el camino “simple” de las órdenes del Ejecutivo a la Fiscalía y al Ministerio del Interior que Saab y Cabello, respectivamente, ignoraron sin parpadear. Ahora se les sube la vara: que respondan —o desobedezcan— a una ley que pasa por el TSJ y la Asamblea Nacional, con más jerarquía que un decreto y más visibilidad política.
1. La ley como prueba, no como solución
El movimiento hacia una ley de amnistía no es un giro ingenuo, es una prueba de estrés institucional con un recorrido claro:
- Ejecutivo impulsa.
- AN discute, aprueba.
- TSJ acompaña o, al menos, no bloquea.
- Fiscalía y cuerpos de seguridad ejecutan.
En la práctica, sabemos que es otra cosa: el tiempo legislativo–judicial es lento, lleno de recursos, suspensiones, “mejoras de texto” y maniobras dilatorias. Y, aun aprobada, nada garantiza que el aparato operativo de Cabello y Saab obedezca.
Por eso esta ley no debe leerse como la llave mágica para sacar rehenes, sino como un reflector que va a dejar al desnudo quién manda de verdad en el chavismo y qué valor real tiene hoy la palabra “transición” dentro del régimen.
2. Delcy como palanca: ¿punto de apoyo o punto débil?
Estados Unidos eligió a Delcy como palanca para el cambio por una razón fría:
- Control de resortes del Estado.
- Capacidad de negociar con varios bandos internos.
- Imagen, para ellos, de “dura pero racional”.
El problema es que esa palanca está apoyada sobre un piso que conocemos demasiado bien, que incluye a Cabello, Saab, estructuras de narcotráfico, Fuerzas Armadas fragmentadas, colectivos, y redes de corrupción, nacionales e internacionales, especialmente petroleras que prefieren al chavismo 3.0 que a la democracia.
Si para el gringo, esto es un mapa, para nosotros, es un prontuario.
Entonces la pregunta no es solo si Estados Unidos debe cambiar de palanca, sino si puede hacerlo sin que se derrumbe el artefacto entero. Aquí hay tres escenarios:
- Estados Unidos corrige y reduce el rol de Delcy. Se abre la puerta a una transición más plural, con MCM y otros actores democráticos ganando espacio. Es lo deseable, pero implica reconocer que la apuesta inicial fue, al menos, incompleta, y abre la puerta a violencia interna de los grupos que hoy actúan y que nadie parece poder detener.
- Estados Unidos mantiene a Delcy, pero le recorta el margen a sus halcones. Es decir: Delcy sigue como cara visible, pero Cabello y Saab pierden capacidad de accionar. Eso requiere presión quirúrgica: sanciones personales, condicionamientos explícitos, mensajes claros a los mandos medios de que obedecer órdenes criminales tendrá costo propio. Y ma´s que lo meramente declarativo, requiere de acciones concretas.
- No se corrige nada y se administra un chavismo “con buenos modales”.Es el peor de los mundos: la forma cambia, el fondo no. Presos usados como fichas, petróleo como botín, instituciones como decorado. O sea que, si no se producen movimientos sociales internos de calle, aun a costa de la seguridad individual, Estados unidos, desde afuera (aunque ahora tengan embajada nueva) no podrán hacer nada.
Porque tenemos que estar claros en que, si bien desde el 3 de enero pasaron muchas cosas buenas, pareciera que entramos nuevamente en terrenos pantanosos donde comenzamos a estar estancados… una vez más, con los mismos actores.
La ley de amnistía se convierte, en este contexto, en un test para ver en cuál de los tres carriles estamos.
3. Cómo contener a Cabello y Saab sin cambiar de caballo (si Estados Unidos no lo cambia)
Si Washington insiste en seguir usando a Delcy como eje, entonces la única salida mínimamente responsable es desarmar —o al menos acotar— la capacidad de daño de sus detractores internos. Eso pasa por:
- Aislar jurídicamente a Cabello y Saab. Más expedientes abiertos, más coordinación internacional, más riesgo personal si bloquean la amnistía o la sabotean en la práctica. Que entiendan que cada preso que no sale, cada tortura, cada desaparición, suma líneas a su expediente.
- Separar política de negocios criminales. Mientras el negocio de la droga sea intocable, ellos son intocables. Cualquier estrategia seria que diga “Delcy es la palanca” tiene que tocar —o al menos amenazar con tocar— esos flujos. Si no, la palanca se rompe siempre del lado democrático.
- Mandar señales claras a los niveles medios. Fiscales, jueces, directores de cárcel, jefes de cuerpos de seguridad. Hay que hacerles llegar un mensaje: “La obediencia ciega a Cabello y Saab no será excusa válida mañana”. Ese miedo al futuro es la única fuerza capaz de competir con el miedo presente.
4. Optimismo informado en territorio desconocido
Estamos en un territorio inexplorado para todos. Para Estados Unidos, porque nunca habían intentado administrar una transición con un chavismo “tutelado” al que no conocen desde dentro.
Y para Venezuela, porque nunca habíamos tenido a los gringos tan metidos en el diseño fino del día a día.
Vamos aprendiendo todos; la diferencia —y no es menor— es que nosotros conocemos al monstruo por dentro y ellos no. Mientras ellos ven estructuras, cargos, cadenas de mando, nosotros vemos historias, muertos, traiciones, negocios, lealtades compradas, miedos concretos.
Por eso, el optimismo informado no es creer que esta ley de amnistía va a resolverlo todo, sino entender qué nos revela:
- Si la ley se traba: queda a la vista que Delcy no controla a Cabello y Saab, y que Estados Unidos tendrá que mover la palanca o buscar otra.
- Si la ley avanza pero no se cumple: queda expuesto, una vez más, el divorcio entre discurso y aplicación, y el mundo democrático tendrá menos margen para seguir sosteniendo el mito del “chavismo de buenos modales”.
- Si la ley se cumple de verdad: por fin tendríamos un hecho concreto que justifique hablar de transición y no solo de narrativa.
En cualquiera de los casos, el conocimiento íntimo que tenemos del monstruo es una ventaja estratégica, no un lamento. Sirve para advertir, para anticipar jugadas, para no enamorarse de cosméticas.
5. Chavismo con buenos modales: el riesgo de confundir forma con fondo
Lo que se insinúa es una versión remozada del mismo esquema:
- Menos gritos, más conferencias.
- Menos cadenas, más ruedas de prensa.
- Menos grosería, más lenguaje diplomático.
Pero debajo, el mismo ecosistema: control del poder judicial, Fuerzas Armadas amenazadas y compradas, negocios turbios, presos usados como rehenes, miedo administrado “un día a la vez”.
Llamemos a las cosas por su nombre: un chavismo de buenos modales sigue siendo chavismo. La diferencia no es si se ponen saco y corbata; la diferencia es si aceptan:
- Soltar el control total de las instituciones.
- Someterse a reglas claras.
- Dejar de usar el terror como herramienta política.
Si la ley de amnistía termina siendo otra pieza de utilería —un anuncio más para afuera, un instrumento más para seguir negociando vidas ajenas—, sabremos que lo único que cambió fue el decorado.
Y, justamente porque conocemos al monstruo, tenemos la obligación de decirlo, aunque incomode a quienes hoy se sienten cómodos administrando un “nuevo chavismo” desde afuera.
No debemos negar la ventana que se abrió, pero tampoco confundirla con una salida segura. Conocer al monstruo es, hoy, nuestro principal aporte a una negociación en la que muchos todavía creen que están lidiando con un gobierno duro, pero reformable. No: están lidiando con un sistema que, si no se desmonta de raíz, volverá siempre a lo que sabe hacer mejor: destruir.
Noticias destacadas
- El Nacional: Una Asamblea Nacional sin legitimidad: el mayor riesgo para la seguridad jurídica en Venezuela.
- La Ceiba: Los cardenales Baltazar Porras, Diego Padrón y Ovidio Pérez Morales han clavado una estaca en el demonio dictatorial: piden la liberación plena de los presos políticos, el fin de la hegemonía comunicacional y el respeto al veredicto popular del 28J. Más agua bendita, imposible.
- Tal Cual: Jefa de la misión diplomática de Estados Unidos arriba a Venezuela: «Estamos listos para trabajar». EFE: Laura Dogu se desempeñará como encargada de negocios de la Unidad de Asuntos de Venezuela y trabajará con personas del sector público y privado, así como con la sociedad civil, para impulsar un plan de tres fases establecido por el Gobierno de Estados Unidos. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, estableció un plan de tres fases para Venezuela marcado por una primera etapa de estabilización, otra de recuperación y finalmente la transición democrática.
- Monitoreamos: Estos son los más de 90 centros de tortura que el chavismo tiene en toda Venezuela (Lista). Los centros señalados incluyen sedes del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), la Policía Nacional Bolivariana (PNB), la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), comandos policiales regionales, retenes, anexos penitenciarios, hospitales militarizados y espacios clandestinos utilizados para interrogatorios y desapariciones temporales.
- El Nacional: Plataforma Unitaria confirmó la excarcelación de 315 presos políticos en Venezuela. El Pitazo: Foro Penal publica anteproyecto de Ley de Amnistía: excluye crímenes de lesa humanidad y pide derogación de instrumentos utilizados para reprimir. Tal Cual: Comités de familiares señalan que amnistía no menoscaba derecho a justicia y reparación.
- Monitoreamos: Familias de rehenes argentinos secuestrados por el chavismo exigen ser incluidos en la amnistía para su liberación.
- Tal Cual: SNTP denuncia salida de Venevisión del sistema de televisión digital y satelital. El SNTP recordó que el ministro de Interior, Diosdado Cabello, hizo referencia a Venevisión el miércoles pasado, luego de reseñar las declaraciones de la líder opositora María Corina Machado, tras reunirse con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio.
- Bloomberg: Irán renueva su amenaza de atacar a Israel ante crecientes tensiones con Estados Unidos.
Lo que no fue noticia (y debería serlo)
- Que la electricidad es el verdadero límite del rebote económico venezolano. Todo el relato público gira alrededor de “más petróleo, más divisas, más crecimiento”, pero el factor decisivo para que ese rebote llegue a consumidores y empresarios es si la red eléctrica se estabiliza; sin luz confiable no hay producción, ni refrigeración de alimentos, ni operación de comercios, ni vida urbana mínima. El propio documento de Estados Unidos dice que la electricidad es “el principal obstáculo para cualquier intento de estabilización económica”, pero el debate doméstico se centra en la geopolítica del acuerdo petrolero y casi no en la arquitectura técnica y regulatoria que definirá cuánto pagará el usuario final, qué incentivos tendrá la empresa privada para invertir en generación distribuida y cómo se reparte el costo de la recuperación de la red
- Ni que se habla de “llegada de inversiones” o del “fin del aislamiento”, pero no de la asimetría entre grandes jugadores extranjeros con capacidad de ejecutar planes complejos de entrada y la pequeña y mediana empresa local, que enfrenta a la vez más competencia, más regulación y menos margen financiero para adaptarse. Si el PIB petrolero crece cerca de 30% y la economía total alrededor de 10%, como plantean algunos economistas, el mapa competitivo se redibuja: suben los sectores ligados a la cadena petrolera y de servicios corporativos, mientras las empresas que viven del consumo interno masivo siguen atrapadas en un mercado con poder adquisitivo frágil y costos crecientes. Para el consumidor, esto se traduce en una oferta más sofisticada en nichos “Premium”, pero una brecha más grande respecto a bienes básicos accesibles… que, tristemente, es el perfil de economía que tenemos hoy, pero expandida haciendo que la gran mayoría de la población lo siga pasando mal.
- O que el ángulo que casi nadie resalta es que el dato de crecimiento del comercio se presenta como señal de mejora general, pero no se contrasta con la distribución de ese consumo (concentrado en pocos estratos y en pocas ciudades) ni con la situación del salario promedio y del empleo informal, que condicionan qué tan real es el “rebote” para la mayoría de los hogares. Para el comerciante y el industrial, una expansión del consumo concentrada en segmentos altos puede significar ventas visibles pero muy volátiles; para el consumidor medio, la sensación de “vitrinas llenas y cartera vacía” alimenta la percepción de desigualdad y erosiona la legitimidad de cualquier narrativa de recuperación si no viene acompañada de mejoras tangibles en ingresos reales y acceso a crédito de consumo.
- Tampoco que el mayor riesgo hoy para invertir en Venezuela es político-institucional, y no solo económico. El proceso de transición en Venezuela “no está bloqueado, pero tampoco decidido” y, sin verificación estricta de hitos (listas de presos políticos, cronogramas claros), el desenlace más probable es una “estabilización autoritaria”. Mientras la discusión pública se concentra en la amnistía y la narrativa de reconciliación, el punto ciego es cómo este limbo político se traduce en riesgo regulatorio para empresarios (cambios súbitos en reglas, autorizaciones discrecionales, supervisión cambiante) y en fragilidad de expectativas para el consumidor, que posterga decisiones de gasto e inversión en vivienda o negocios propios. Estamos entrando en una transición sin reglas claras que puede generar un extraño equilibrio; suficiente apertura para atraer ciertas inversiones (sobre todo ligadas al petróleo y la energía), pero sin la seguridad jurídica que permita a la empresa local planificar a cinco o diez años, ni al ciudadano confiar en que los cambios de hoy serán estables mañana.
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