El reinicio del año escolar en los Altos Mirandinos está marcado por el pesimismo de los maestros, quienes regresan a las aulas de clases devengando salarios que ni siquiera cubren la cesta básica.
Tras años de congelación de las tablas salariales, los docentes de los municipios Guaicaipuro, Carrizal y Los Salias enfrentan un nuevo periodo atrapados entre la vocación y la extrema precariedad económica, dependiendo enteramente de bonificaciones discrecionales que no generan beneficios sociales a largo plazo.
Frente a un ingreso básico que no llega a cubrir las necesidades prioritarias, la doble jornada se ha convertido en la única norma viable para los profesionales de la enseñanza en Los Teques y zonas vecinas.
«En las mañanas trabajo en una escuela para no perder el cargo y asegurar las bonificaciones gubernamentales que complementan el ingreso, pero la tarde la dedico a un colegio privado para poder redondear el mes y comprar la comida básica», confesó una educadora con más de 12 años de servicio en el municipio Guaicaipuro, quien aseguró que aun sumando ambos sueldos el presupuesto sigue estando en déficit.
La parálisis de la contratación colectiva y la devaluación del salario oficial han forzado a otros profesionales de la educación a saltar directamente al comercio informal para sobrevivir.
«Ser maestro de aula hoy es prácticamente un pasatiempo porque uno termina gastando en materiales, mi verdadero sustento viene del emprendimiento de venta de ropa que manejo los fines de semana y por redes sociales», admitió un profesor tequeño.
Como él, decenas de educadores altomirandinos dividen sus horas entre la planificación pedagógica y el comercio minorista, vendiendo alimentos, cosméticos o ropa para financiar el traslado diario hacia sus escuelas.
Esta asfixia financiera no solo amenaza con empeorar el éxodo de docentes calificados en la subregión, sino que impacta de lleno en la calidad educativa de miles de niños y jóvenes mirandinos. Gremios y voceros del sector educativo en los Altos Mirandinos reiteran que no habrá una educación de calidad mientras las autoridades mantengan a los educadores bajo condiciones de «indigencia salarial», obligándolos a reinventarse diariamente fuera de las aulas para poder llevar comida a sus hogares./JR
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