Durante los 26 años que el chavismo lleva en el poder, los venezolanos han sido víctimas de autoritarismo, violaciones a los derechos humanos que incluyen detenciones arbitrarias, torturas, pobreza y la migración forzada de más de 7 millones de ciudadanos.
No en vano la Corte Penal Internacional adelanta una investigación contra el país por la comisión de crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, quienes están hoy al frente del gobierno buscan pasar la página.
“Y si hay un venezolano en el extranjero que alberga en su corazón alguna forma de resentimiento, le decimos: supéralo, perdónanos y vente. Siempre estarás mejor en tu tierra”, dijo el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en un acto televisado.
De inmediato, las redes se colmaron de comentarios en rechazo al mensaje de Rodríguez.
“Es cínico lo que dice. Yo llevo más de tres años en el exilio porque sufrí persecución y vi cómo le disparaban a varios en las protestas contra Nicolás Maduro. Lo siento, pero no puedo perdonarlos”, dijo a EL TIEMPO una migrante que vive en Colombia y que prefirió no decir su nombre.
“Colombia ni siquiera es un país seguro para los disidentes venezolanos”, sentenció la joven.
Después del 3 de enero de este año, con la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores por parte de Estados Unidos, el chavismo bajo el mando de Delcy Rodríguez ha modificado su discurso.
Los dirigentes, incluido el mismo ministro de Interior, Diosdado Cabello, ya no insultan a sus oponentes y mucho menos a los estadounidenses, a quienes Hugo Chávez, expresidente muerto en 2013, tachó de enemigos.
Con cambio de look y portando rosarios, hermanos Rodríguez y Cabello recorren el país
Ahora los hermanos Rodríguez junto a Diosdado Cabello se la pasan recorriendo el país. Cambiaron el color rojo o los trajes de sastre por ropa azul —el mismo color usado por la líder de la oposición en el exilio, María Corina Machado— e incluso portan rosarios, cuando en el pasado han insultado a los sacerdotes y hasta “zamuros” (ave rapaz) han llamado a los obispos en referencia a sus sotanas negras.
Para Óscar Murillo, coordinador de la ONG Provea, la reconciliación es un proceso fundamental para el país, pero solo es viable si se edifica sobre un camino que priorice la justicia y la memoria.
“Es fundamental que el proceso político actual se centre en las víctimas, genere un marco de acción contra la impunidad como un componente esencial de las garantías de no repetición”, resaltó Murillo a este diario.
El activista y periodista también enfatizó que “el poder no perdona”, y esto porque no se trata de una potestad estatal ni de un instrumento de negociación política.
Por el contrario, el perdón es una acción afirmativa de la facultad exclusiva de quienes han sufrido directamente las violaciones a los derechos humanos, como las madres de personas ejecutadas, encarceladas injustamente o desaparecidas en contextos de violencia, como lo se ha documentado en las minas del sur de Bolívar.
“Un proceso de sanación social debe resultar del acceso a la verdad, la justicia y la reparación, y no necesariamente implica la imposición del perdón”, indicó Murillo.
Sobre las palabras de Rodríguez también opinó el político y ex preso Freddy Superlano, quien salió en libertad luego de más de un año detenido. Su excarcelación se dio a propósito de la promulgación de la Ley de Amnistía impulsada después del 3 de enero.
“Quienes hoy te dicen: supéralo, perdónanos y vente, no tienen idea del daño que le hicieron a más de 8 millones de personas, el dolor que causaron en cada hogar venezolano, pero lo peor es que ese daño no fue suficiente, tuvieron que robarse una elección presidencial”, dijo Superlano en un acto con comunidades en el estado Barinas.
Superlano también insistió en que el país pide elecciones porque es lo que le dará seguridad y garantías verdaderas para que los venezolanos que están afuera puedan volver.
La idea de “pasar la página” de todos estos años de abuso en contra de los venezolanos no solo es rechazada por los ciudadanos, sino que está de espaldas a los estándares internacionales, así lo explica Rafael Uzcátegui, coordinador de Laboratorio de Paz, un centro de pensamiento basado en Venezuela.
“El objetivo de este cambio narrativo es pasar la página sin que haya una política integral que tenga memoria, verdad, reparación y no repetición, que son los cuatro componentes de cualquier proceso de justicia transicional”, detalló Uzcátegui a EL TIEMPO.
A lo anterior hay que sumarle que las autoridades no han reconocido su responsabilidad en graves violaciones de derechos humanos y continúan considerando a presos políticos e integrantes de la sociedad civil como delincuentes, que estarían siendo beneficiados con la indulgencia del Ejecutivo. “Somos enfáticos: no hay transición sin justicia y sin abrir los canales de participación a los venezolanos”, puntualizó Uzcátegui.
Vía AlbertoNews
