Cumplir con las tradiciones de fin de año se ha vuelto un lujo para muchos venezolanos. La inflación y la constante devaluación del bolívar han encarecido incluso los gestos simbólicos más sencillos, como comer las doce uvas a la medianoche o estrenar ropa interior amarilla para atraer la prosperidad.
En mercados y supermercados de los Altos Mirandinos, el precio del kilo de uvas oscila entre 10 y 20 dólares, según la variedad y el lugar de compra.

En algunos puestos informales se ofrecen bandejas con 18 a 25 unidades por 5 a 7,5 dólares, pero para una familia de cuatro personas, eso no alcanza para cumplir con la tradición completa de las doce uvas por comensal.
“Yo compré una bandejita de 6 uvas por 3 dólares, solo para ponerlas en la mesa. No da para más”, comenta Carmen Jiménez, vecina de Los Teques. “Antes uno compraba un kilo y hasta sobraban. Ahora hay que escoger entre eso o el pan de jamón”.

La situación se agrava al sumar el costo de la cena de fin de año. Un pollo entero puede superar los 9 dólares, el pan de jamón ronda los 10 a 15 dólares, y una botella de champaña básica no baja de 8 dólares. Si se incluye ensalada, hallacas y bebidas, una cena modesta para cuatro personas puede superar fácilmente los 50 dólares, una cifra inalcanzable para quienes devengan salarios en bolívares.
“En mi casa somos cinco y este año decidimos no hacer cena. Cada quien va a llevar algo sencillo, y las uvas las cambiamos por mandarinas”, explica Anderson Rojas, obrero en Carrizal. “Lo importante es estar juntos, pero da tristeza ver cómo se pierden las costumbres”.
La ropa interior amarilla, otra tradición popular para atraer la buena suerte, también ha sido desplazada por la realidad económica. En tiendas del centro de la capital mirandina, una prenda sencilla puede costar entre 3 y 5 dólares, mientras que las de mejor calidad superan los 10. “Yo vendía hasta 50 piezas el 31 de diciembre. Este año no he vendido ni 10”, lamenta Yelitza González, comerciante informal en La Hoyada.
Frente a este panorama, muchas familias han optado por reinterpretar las tradiciones. Algunos reemplazan las uvas por gajos de mandarina —que se consiguen entre 1,5 y 3 dólares el kilo— o simplemente omiten el ritual. Otros brindan con refresco o agua, y se conforman con compartir en casa sin mayores gastos.
“Lo importante es pedir salud y que no falte lo básico. Las uvas pueden esperar”, concluye Julio Malavé, transportista de San Antonio de los Altos.
Redacción El Tequeño
