Paola Artigas, madre del pequeño Lían Ramones, asegura que la vida de su hijo es el resultado de un milagro concedido por José Gregorio Hernández. Lían, quien actualmente tiene cinco años, fue diagnosticado a los tres con un tumor en el tallo cerebral, una condición médica de alta complejidad por la ubicación del tumor.
El diagnóstico se dio en el Hospital Pérez Carreño, donde las limitaciones del sistema de salud se hicieron evidentes: no había disponibilidad de terapia intensiva, lo que retrasó la intervención quirúrgica. Finalmente, Lían fue operado y se le colocó una válvula, pero su estado se agravó rápidamente. El tumor creció con velocidad y se complicó con una neumonía por broncoaspiración, lo que provocó dos paros respiratorios.
El 25 de julio, durante una nueva operación, Lían sufrió un tercer paro respiratorio. En ese momento crítico, Paola Artigas, aferrada a su fe, encomendó la vida de su hijo al doctor José Gregorio Hernández. “Le pedí con todo mi corazón que ayudara a mi hijo a salir de eso”, relató.
Tras ocho horas de intervención, Lían fue estabilizado y trasladado a terapia intensiva, donde permaneció dos meses. Durante ese tiempo, se le detectó una infección en el corazón que, de no ser controlada, requeriría una nueva cirugía. Sin embargo, según cuenta su madre, al realizarle un eco cardíaco, los médicos confirmaron que la infección había desaparecido por completo.
Hoy, Lían continúa su tratamiento de quimioterapia para reducir los restos del tumor. Vive, junto a su madre, en la zona industrial Las Minas de San Antonio de los Altos. El próximo 28 de enero cumplirá dos años bajo este tratamiento, y su familia mantiene la esperanza de que, con la ayuda espiritual de José Gregorio Hernández, la recuperación será total.
La historia de Lían Ramones se suma a los numerosos testimonios de fe que rodean la figura del primer santo venezolano, considerado por muchos como un intercesor de milagros en momentos de desesperanza.
