Para cientos de educadores en Miranda, el período vacacional llegó acompañado de una realidad que bordea la burla: pagos de 7, 8, 10 o 15 dólares por concepto de vacaciones. En los mejores casos, apenas 20.
Una cifra que, según denuncian, les deja con más preguntas que opciones: “¿Qué tipo de vacaciones se pueden tener con eso? ¿Una merienda en la plaza, un paseo en bus sin retorno o quizá mirar el río sin tocar el agua?”, comenta con sarcasmo la profesora Carmen López, quien ha ejercido por más de 25 años en Los Teques.
La queja no se limita al monto recibido. También se extiende al calendario propuesto por el Ministerio de Educación, que según los gremios vulnera lo establecido en el artículo 186 del Reglamento del Ejercicio de la Profesión Docente.
“Nos quieren hacer reincorporar el 8 de septiembre, cuando por ley corresponde el 16. Es como si nos quitaran lo poco que nos queda: tiempo, descanso y respeto”, expresa indignado el docente tequeño Enrique Rivas.
René Zapata, secretario de Organización de la Federación Venezolana de Maestros, respalda el reclamo: “El artículo es claro, los docentes deben regresar el 16. Lo que diga el ministro no sustituye la ley. Los administrativos y obreros se reincorporan antes, pero los educadores tienen una fecha clara. Y punto”.
Zapata también denunció la falta de pago de un bono de homologación de 6.600 bolívares que aún no ha sido depositado a los maestros mirandinos, a pesar de que la solicitud fue entregada por segunda vez a la vicepresidenta de la República hace más de veinte días. “Parece que piensan que los docentes de Miranda somos de segunda. Me alegro por los que recibieron algo, pero lo nuestro está en la ley y aún lo ignoran”.
Mientras tanto, la palabra “vacaciones” parece desvanecerse entre la incertidumbre y la frustración. “Vacacionar… sí, claro. A la nevera vacía, a la factura de electricidad impaga, al colchón viejo en casa. Eso es lo que podemos costear”, añade la maestra Yuleima Méndez, quien recibió solo 8 dólares de pago.
Entre la ironía, el descontento y la insistencia legal, los docentes de Los Teques no solo exigen justicia salarial: reclaman que se les respete como profesionales, como trabajadores y como ciudadanos.
Redacción El Tequeño
